– Buen día vecina ¿Cómo está?
– Lo más bien.
– Me alegro. Yo estoy bien también, gracias por preguntar ¿Cómo se llama?
– Mariela ¿y usted?
– Margarita, un gusto, soy la vecina de enfrente, apartamento 104. ¿A qué se dedica usted?
– Soy médica- Qué vieja chusma pensó para sí Mariela.
– Pero qué linda la medicina, usted sabe que me habría encantado estudiar, pero en mi época vio que una tenía que atender al marido. ¿Cuál es su especialidad?
– Trabajo en medicina comunitaria- Estoy llegando tarde y ésta me agarra de charla, espero que no sea así todos los días.
– Mire que lindo trabajar en comunidad, con el esfuerzo de todos es mejor ¿nocierto? Con la otra muchacha pensábamos hacerle una tortita de bienvenida. Por la otra muchacha me refiero a mi mamá, jajaja.
– Mire, muchas gracias, pero no se moleste- Si así está la vieja, la madre debe tener como cien años ¿cómo hará para cocinar?
– Ah ¡no es ninguna molestia m’hija! Así que su pareja todavía no se mudó che ¡Qué cosa con los hombres de ahora!
– Si, no se mudó todavía.
– Rogelio, que Dios lo tenga en la gloria, era decido. Si es blanco es blanco y si es negro es negro, punto final, decía él. Rara vez se equivocaba
– Ah claro
– Yo la oí lamentarse un poco ayer por su comida, sé que ahora es fin de mes, pero yo alguna tortita de verduras sé cocinar y siempre me sobra comida. No le cobro mucho porque es vecina y así usté come sano y rico ¿no? ¿Qué le parece?
– Así que estuvo oyendo toda mi conversación ¿eh?
– Menos cuando se puso a hablar media sexual con su marido, yo respeto cosas nuevas, pero chanchadas no.
– Le voy a pedir que de ahora en más no me chusmee mis conversaciones, está violentando mi privacidad. No es bueno eso como vecina.
– Yo estaba paseando al Pillín, la calle es pública- dijo Margarita levantando los hombros, eximiéndose de culpa.
– Bueno me tengo que ir, que pase bien.
– Mire que ésta, también es su comunidad
Con un seco chau Mariela interrumpió a Margarita que intentaba retomar la charla. Margarita se volvió a su vereda donde estaba su casa, sacó una silla y se sentó en el frente. La mañana daba para mate, bizcochos y charla entre madre e hija.
– Margarita, fijate aquel hombre que está caminando nervioso frente a la casa amarilla
– Si, ¿qué pasa con él?
– Está pispeando la casa, lo encuentro sospechoso. Baja el tono de voz y se acerca al oído de su hija- El hijo de puta se metió para la casa de Susanita, entrá a llamar a la policía.
Margarita entró ágilmente a su casa, tomó los lentes de la mesa y empezó a discar. Mientras esperaba respuesta, salió para ver el estado de la situación. Al instante cortó.
– Qué lástima, che
– ¿Por qué cortaste Marga?
– Mamá, no están entrando a lo de Susanita, están entrando a lo de la vecina nueva.
– Ah, pobrecita- se río tímidamente.
– Vas a precisar lentes vos también. ¿Te parece ir a la óptica mañana?
– Regio, pasame otro mate, me hacés el favor.