Ayer mientras llegaba a casa, me enteraba que hubo cacerolazos sonando en los barrios de pocitos y punta carretas contra la suba de los impuestos que anunció que se iba a llevar a cabo el gobierno. En ese momento donde todos estaban, o estábamos, profundamente indignados me empezaron a llegar recuerdos de la infancia que marcaban las diferencias entre las cacerolas de hoy y las de ayer. Eran las diferencias entre las cacerolas de la reacción de hoy y las cacerolas de la esperanza de ayer, esa esperanza de poder llevar una vida digna.

En eso entonces, recordaba como la gente del Barrio Estadio de Pando, salía con sus cacerolas en el 2001, 2002 para protestar. Y eso si que eran masivos, y eso si que tenía sentido. Como no va a tener sentido si la gente se estaba muriendo de hambre, como no va a tener sentido si se veía que la situación no daba para más. Recuerdo con mis 6 o 7 años, familias enteras yéndose al exterior, familias quebradas por la crisis que salían a buscar de alguna manera el pan que había quedado en alguna parte del mundo. Recuerdo que a mis padres, y a tantos otros, no les pagaban el sueldo, donde las ollas populares eran moneda corriente, ahí donde se muestra la verdadera solidaridad del pueblo, donde vemos que no precisamos andar bien económicamente y ver una televisión morbosa para compartir con los otros lo poco que tenemos.

Era en esos años, donde la gente veía en el futuro una luz de esperanza, ese pueblo trabajador que siempre se busca que pague la crisis, ese pueblo trabajador que veía en el FA una alternativa. Los cacerolazos, yo recuerdo una cacerola con la cara de Batlle, venían con la esperanza, venían desde abajo, venían de los barrios más jodidos, venían desde el fondo de la historia, en lucha, quizá sin saberlo contra las directrices neo-liberales del fondo monetario internacional y del gobierno de Batlle que lo único que tuvo de gracioso fue que se fue.

Pero llegamos al 2016, y los cacerolazos se repiten, es cierto en este tiempo el Frente Amplio ha dejado que desear a mucha gente, pero que esos ruidos vengan desde donde vienen es significativo. Está claro que la propuesta del gobierno, sumado a los errores y horrores que se han cometido pueden crispar a la población. Pero también es cierto que se ha avanzado y mucho. El problema no está ahí, el problema es que el mundo está dividido en clases; lo vemos en Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Ecuador. La redistribución de la riqueza por más mínima que sea, irrita a los poderosos, esos que tienen armas para que creas que el campo se va a destruir por pagar un impuesto a primaria que cualquier laburante paga, esos que quieren hacernos creer que los tipos y especialmente tipas que viven en zonas jodidas son personas que no quieren laburar. Es esa gente que quiere hacernos creer que el estado tiene que ser mínimo porque la mano invisible acomoda todo, pero si viene un tornado hay que darle plata a todos los grandes estancieros.

Es de ahí que vienen esas cacerolas, todas lustradas, no como las del 2002 que venían de comer el guiso, está claro que no todos son unos burgueses pero si que la preocupación no viene porque la crisis la va a pagar el pueblo, sino porque para ellos la crisis la va a pagar el joven emprendedor, que en su mundo de burbujas es el del reclame de Chevrolet.

Hay que ver esto con claridad y entender, hoy las ollas están ocupadas, hoy la gente cobra, hoy la gente come, y no por los planes sociales. Hoy la gente sale con más derechos a trabajar. Hoy, a pesar de los logros, el 60% gana menos del mínimo no imponible, que lindo que sería que esa gente pueda salir a cacerolear por pagar 500 pesos más. Esa es la disputa, si queremos un país que avance en democracia con justicia social, las cacerolas del gobierno tienen que ir a aumentar esos salarios tan deprimidos y que el costo lo pague el que tiene más, el del patrimonio, los que exoneran 1500 millones de dólares anuales, los que destruyen el medio ambiente, los que nos explotan.