A todos nos dan miedo cosas distintas por eso ¿quién iba a culpar a Felisberto de temerle a las bombitas de luz? Claro, en gran medida representa un problema ya que están en todos lados y él las tenía que aceptar hasta en su propia casa, pero el hecho es que no las podía ver, su presencia era soportable, pero no su aspecto.

Una vez fue a consultar a un psicólogo pero este pensó que le estaba tomando el pelo.

PSICÓLOGO: ¿Pero cómo le van a dar miedo las bombitas de luz? ¿Usted está loco?

FELISBERTO: Y… Digo… ¿No? Si no, no estaría tirado acá en el diván. ¿No le parece?

PSICÓLOGO: Bueno, supongamos que es así…

FELISBERTO: ES así.

PSICÓLOGO: Cuentemé… ¿Cómo era su relación con su madre?

FELISBERTO: ¿Y eso qué tiene que ver con las bombitas de luz?

PSICÓLOGO: ¡Pero atrevido! – le da un golpe en la cabeza – Acá el que hace las preguntas soy yo. Aparte, ¿nunca vio un psicólogo? ¿ni en una película?

FELISBERTO (algo contrariado): S-sí, señor…

PSICÓLOGO: Así me gusta. ¿Y no vio que siempre preguntan por la madre? Los psicólogos cuando entramos a la facultad, en el primer semestre tenemos las materias importantes: “El Aham” y “Cuentemé sobre su madre”. En el segundo semestre están “El Aham 2” y “Cuenteme sobre su madre 2”, de las que son previaturas.

FELISBERTO: Y… ¿Son muy complicadas?

PSICÓLOGO: ¡Pero! – nuevo golpe en la cabeza del paciente – ¿Qué le dije recién?

FELISBERTO: Disculpe, señor, que usted es el que hace las preguntas, señor.

PSICÓLOGO: Muy bien, muy bien… Noto un progreso en su actitud, pero prefiero que me diga Doctor, en vez de señor.

FELISBERTO: De acuerdo, Doctor.

PSICÓLOGO: Bueno… ¿qué espera? ¿Me va a contar sobre su madre o va a esperar a que pasen los 40 minutos para pagarme por hacer nada (como hacen casi todos)  – golpe en la cabeza.

FELISBERTO: ¿Y eso por qué?

PSICÓLOGO: Por reflexionar demasiado, acá hay que ser espontáneo – nuevo golpe en la cabeza – y antes de que pregunte, eso fue por hacer otra pregunta, no aprende más usted… ¡Solo tiene que hablarme sobre su madre! ¿Es tan complicado?

FELISBERTO: Pero su método no me parece muy apropiado, disculpe que se lo diga así, pero andar golpeando pacientes no se qué tanto resultado le puede dar, ¿no le parece?

PSICÓLOGO (golpe)

FELISBERTO: ¡Ah! ¿Por qué?

PSICÓLOGO (golpe previo): A ver… vamos a hacer una cosa…

FELISBERTO: Está bien, doctor.

PSICÓLOGO (golpe previo): ¡Con D mayúscula! – golpe posterior

FELISBERTO: Está bien, Doctor.

PSICÓLOGO: Muy bien. Muy bien – le da un caramelo – ¿Me va a contar sobre su madre o no?

FELISBERTO (relamiéndose del gusto por el delicioso caramelo de miel y guaco): Bueno, a decir verdad me crié en un orfanato…

El psicólogo se para, sin decir nada le abre la puerta y con un ademán lo invita a retirarse.

FELISBERTO: No se enoje… ¿Cuánto le de… – al ver que el Licenciado aprontaba el golpe se detuvo en seco sin terminar la pregunta, sacó la billetera y le dio un billete de 500.

El psicólogo cerró la puerta y Felisberto miró para arriba, vio la bombita y, sollozando, salió corriendo.

FIN