Somos dos. Yo somos dos.

¿Cómo describirnos?

No podría decirte que estas dos mitades son perfectamente opuestas en su manera de ser, o que cada una de ellas tiene su perfección en cierto aspecto de su ser, ni que tengan una esencia pura. No somos agua y fuego.

Resulta que somos dos partes que pocas veces se encuentran, y que cuando eso pasa sí, es cierto: sucede algo mágico. Luego de dejar reposar el fruto de ese cruce, es algo mediocre y sin gusto, sin ser puro. Algunas veces el producto tiene suerte y pasa el molde de nuestro juicio.

¿Y mientras? En los desencuentros, en la separación de las dos mitades, durante el resto del ciclo es aún más imperfecto. Como un ciclo lunar. Hay mitades, siempre le falta algo. Lo ves y decís “mmm le falta algo”, pero tus capacidades geométricas no posibilitan completar esa mitad de la luna, y al fin y al cabo termina en la basura.

Por lo que el Yo actual, pongámosle de nombre Edmundo, deja una parte y luego reza porque el segundo Yo, Rubén, llegue y complete su parte sin chistar. Que vea lo que hizo Edmundo y le guste. Tenga una magnífica idea para completarlo que además se adecúe bien a lo que Edmundo dejó.

Por ejemplo ahora, suponiendo que soy Edmundo (es que en realidad no sé cuál de las dos mitades soy ahora), yo dejo esta parte. Realmente no está en mi esencia ni en la de Rubén lo que estoy escribiendo en este momento. Y eso. Eso también es bueno. Yo creo que cuando es algo nuevo (fuera de nuestras esencias) es aún mejor. Puede ser que esté participando un tercero… Lo que algunos llaman “influencia”.

Nuestras  influencias realmente no sabemos cuáles son. Pueden ser influencias que no nos gusten. Puede ser que una propaganda de jabón para la ropa me haya afectado, y que yo adopte su estilo para hablar. Esperemos que no. Si alguien lo percibe así, que me avise.

Pero tampoco tomémoslo como algo malo, hay que ver su parte buena. Las influencias son como una caja que puede estar llena de sorpresas, o llena de basura, o una mezcla de ambas. Lo importante es que salga a luz lo interesante. No lo llamo ni bueno. Interesante. Quien juzga eso, yo. Si me guiara por otros juicios estaría en un problema, ya que todo sería mierda al final. Imposible complacer a todos.

Ya es difícil complacerme a mí mismo, complacer a mi otra mitad es más difícil que complacerme a mí.

Al carajo la otra mitad. Quiero desprenderme de ella y ser dos seres separados que no juzguen al otro.

Lo que digo es que esto es toda una metáfora, para explicar lo complicado que puede ser hacer arte, o intentar hacer algo que se asemeje a arte. ¿Soy poco exacto no es verdad? Vivo buscando variantes de la misma idea y parece que quisiera complacer a todo el mundo, aclarando: “o intentar hacer algo que se asemeje a arte”. Ja ¡qué estúpido que suena!

Pero no, no es eso. Es el otro imbécil. Rubén. Lo detesto. Odio su nombre. Desprecio todo de él, su arrogancia, su violencia al borrar lo que yo escribo.

Su hermosa manera de ser, su inteligencia y su imaginación.

Ese tachado no fue Rubén en realidad, fui yo y me pareció un buen giro para el contexto del razonamiento. Que leyeran eso y pareciera tachado por el otro Yo. Intentaré publicar esto antes de que Rubén llegue y borre todo, deséenme suerte.

La verdad es que,,,,,,,,, noa para fegr.. ((L(J as

Y sdis

 

Apras sa saf

Yop

Yo

Yo

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