“No dudes en beber y gozar del amor.
Tendrás tarde o temprano que dormir bajo
[tierra
sin mujeres ni amigos. No digas esto a nadie:
la amapola marchita no florece de nuevo”.

 

¿Quién no se desveló alguna noche pensando en los avatares de la existencia, su sinsentido, lo efímero de la vida, lo eterno de la muerte, hacia dónde vamos -si es que vamos hacia algún lado- y todo tipo de preguntas existencialistas?

Omar Kheyyam, nacido allá por el año 1048 en Persia -actual Irán-, cuando Oriente estaba iluminado por la luz de las ciencias y las artes y Occidente estaba ciego bajo las negras nubes del oscurantismo y la Iglesia Católica, no fue la excepción.

Este hombre, quién, además de ser un gran poeta, fue un reconocido astrólogo, filósofo y matemático (a él le debemos nombrar como “x” a la incógnita de la ecuación), sufría enormemente la fugacidad de la vida y lo implacable de la naturaleza. Sin embargo, a base de pruebas, encontró dos formas de luchar contra esta desesperanza: la poesía y el vino.

Ya formado en Matemáticas y Astronomía por Novassak, el noble imán de Nishapur, su ciudad natal, el “rey del hedonismo” (como lo describió Oscar Wilde en su libro El Retrato de Dorian Gray) consiguió una pensión del sultanato para poder retirarse y dedicarse al estudio de las Ciencias. Con ese dinero, que era considerable para la época, descubrió el poder de los sentidos como escudo contra el paso del Tiempo: si negaba el pasado y el futuro, solo viviría el presente y, por lo tanto, vencería a la Muerte.

Desde ese momento, se dice que lo que más disfrutaba Omar, era sentarse en el jardín de su casa, bajo la luz de Luna, a disfrutar del vino en compañía de sus amigos, bailarinas y la música del Laúd. De esta manera, decidido a no dejar que lo corto de la existencia entúrbiese su goce, comenzó a dedicarse al estudio de la poesía.

Su obra más conocida es “El Rubaiyat”, un conjunto de rubâis, forma poética persa de cuatro versos, donde vierte toda su nueva cosmovisión del mundo y llama a los lectores a despertar del sueño de la autoconmiseración; la vida está para ser vivida y lamentarse de su finitud solo sirve para limitar el disfrute de la misma.

 

Rubaiyat, plural de rubâi. El rubâi consta de cuatro versos de igual métrica, rimados el primero, el segundo y el cuarto, quedando libre el tercero. El cuarto adquiere, por contraposición al tercero, un vigor y un relieve extraordinarios. (José Gibert: 1961)

 

En esta obra poético-filosófica, Kheyyam busca no solo dejar claro su pesimismo respecto al mundo, sino que también un mensaje para combatir esta tragedia intransigente que es el destino del hombre. A su vez, toca temas tan diversos como el vino, el paso del tiempo, la muerte, Dios, la moral, así como su convicción de que somos simplemente átomos, que con nuestra muerte volverán a juntarse para crear nuevas cosas. Podemos afirmar, entonces, que se trata de una obra capital, que toca los temas más íntimos de la condición humana.

Resulta curioso como una persona nacida con tantos años de diferencia y con tantos kilómetros de distancia haya podido escribir versos que no solo nos sirven como respuestas para nuestros problemas cotidianos y siguen estando vigentes hoy, sino que también contienen, a su vez, conceptos que fueron trabajados, a lo largo del tiempo, por muchos de los filósofos y escritores más afines a nuestra cultura.

Esta es una selección de 21 rubâis (de los 300 que se piensa que hay en la obra), para que puedan deleitarse con su poesía y puedan entender mejor la esencia de su pensamiento filosófico. Me dirán que con la traducción se habrá perdido el sentido de muchos de sus versos en persa, y es posible, pero yo digo, por mi parte, que, a pesar de esto, a Omar se lo entiende más allá de cualquier barrera idiomática: su pensamiento trasciende las fronteras y el lenguaje.

 

1. 
En la hora que el alba asoma por
[Oriente
se oyen en la taberna unas voces que gritan:
“Levantaos, camaradas, y llenad vuestras co-
[pas
Pues ya se agita el dulce vino de la exis-
[tencia”.

2.
Luna de amor que nunca conociste
[el ocaso
Que te remontas una y otra vez en el cielo,
¡cuántas y cuántas veces tratarás de buscar
[me
en el mismo jardín y todo será inútil!

3.
No supe por qué azar me trajeron al mun-
[do
y me dieron la vida. ¿A qué, entonces, que-
[jarme
de que ésta sea breve, si aún debo agrade-
[cerla?
Que se me sirva vino, que quiero aprove-
[charla.

4.
Ya que la vida pasa, ¿qué más da si es
[amarga
o si es dulce? No importa dónde estés cuan-
[do llegue
el fin. Goza, que después de noso-
[tros
la Luna ha de morir y nacer muchas veces.

5.
Créeme, bebe vino. El vino es vida eterna,
filtro que nos devuelve la juventud. Con vino
y alegres compañías, la estación de las rosas
vuelve. Goza el fugaz momento que es la
[vida.

6.
¡Oh! ¿Qué esplendor iguala al del rubí del
[vino
cuando la Luna y Venus brillan? ¿Qué mejor
[cosa
podrán los taberneros comprar con el dinero
que les damos a cambio del vino que nos
[sirven?

7.
No renuncies al vino mientras sea posible.
¡Cuántas lamentaciones seguirían! La rosa
entreabre su ropaje y canta alegre el pájaro.
¿Crees este momento propicio para la renuncia?

8.
¡Oh tú, que por encima estás de los po-
[deres
terrenales! ¿Qué día sienta mejor el vino
al alma? ¿No lo sabes? Domingo, lunes, mar-
[tes
miércoles, jueves, viernes, sábado… noche
[y día.

9.
Óyeme, jovenzuelo. Esta rosa, este césped,
están frescos, lozanos; mañana estarán am-
[bos
marchitos. Bebe vino y coge ahora la rosa,
pues sólo de mirarla ha de trocarse en polvo.

10.
Después de tantos siglos hay albas y cre-
[púsculos
y siguen las estrellas su curso prefijado.
Pisa suave en el barro; los terrones que
[aplastes
fueron tal vez los ojos de un bellísimo efebo.

11.
Cuando el alma abandone nuestro mísero
[cuerpo
pondrán unos ladrillos en nuestra sepultura.
Y para hacer ladrillos que cubran otras tum-
[bas 
echarán en el molde nuestro polvo. ¡Beba-
[mos!

12.
Escucha lo que un día un ruiseñor me
[dijo:
“Bebe, bebe, Kheyyam, porque la vida es
[corta
y tú no te pareces a la planta que crece
nuevamente después de haber sido cortada”.

13.
Ser o no ser. Supremo o inferior. Some-
[tilo  
todo, a la regla de la lógica: en vano
traté de sondear el fondo de las cosas,
pues no encontré otro fondo que el de mi
[misma copa.

14.
Quien me trajo a este mundo sabe sin
[duda donde
me arrojará después. Nada ni nadie puede
cambiar su decisión. Bebamos, jovenzuelo.
¿Para qué he de esforzarme en variar lo in-
[variable?

15.
¿Hasta cuándo voy a temer por mi for-
[tuna 
y a sentirme angustiado por dichas y desgra-
[cias?
Llena mi copa, amigo, pues no sé ya si el há
[lito
que ahora estoy aspirando lo exhalaré vi-
[viente.

16.
¿Se cuando vine al mundo y cuando me
[iré? Nadie
puede fijar la fecha de su muerte. Tampoco
la de su nacimiento. Trae vino, jovenzuelo.
Quiero olvidar que nunca sabré nada de
[nada.

17.
No seas vanidoso, no llegarás al fondo
de las cosas. En paz deja al Mundo y al Cielo.
Olvida todo aquello que nada ha de impor-
[tarte.
Has de pensar que Allah jamás te ha cónsul-
[tado.

18.
El pescado le dijo al pato en la cazuela:
“¿Creés tú que algún día se secaron los ma-
[res?”
Y el pato contestó: “Cuando estemos asados,
¿qué importa que el mar sea un yermo, o un
[mar la tierra?”

19.
¿Por qué hemos de intentar descifrar los
[misterios?
Nadie sabe qué ocultan las bellas aparien-
[cias.
Nuestras moradas- menos la última -la tie-
[rra-,
provisionales son. ¿Por qué hablar? Dadme
[vino.

20.
Bajo el inmenso cielo que nadie medir
[puede,
bebe alegre; y si te llega el turno, no te asustes,
no llores ni te quejes, pues debe cada uno
beber alguna vez la fatídica copa.

21.
Dadme vino. Que el fuego de primavera
[abrase
este gélido manto de arrepentimiento.
Al pájaro del tiempo sólo le queda un breve
trecho por recorrer. El pájaro se eleva.

 

Todas las traducciones son de José Gibert y Diego Navarro de la Edición 1961 de Plaza & Janes (Barcelona, España)

 

Manuel Serra | (@serra_sur)