Se extiende tu brazo y un montón de vidas paran, se frenan y esperan por vos.

Tus piernas, cubiertas con ropa abrigada para el frío, se toman un segundo y pareciera que prefieren la cama a estar ahí.

Te lleva un tiempo dar unos cuantos pasos y si tenés suerte, tomás asiento. A partir de ese momento, ya no es por vos que el resto espera. Vos esperás con ellos.

Pero… ¿Qué esperan realmente?

Seguramente, que la menor cantidad de personas como vos extiendan su brazo. Sólo estás pendiente de si tu ropa es cómoda, si conseguiste dónde sentarte. No demorar, que el tiempo no vuele, llegar y poder cumplir tu rutina.

Una vez más aunque te cueste aceptarlo, otro brazo frena vidas, esta vez la tuya.

¿Por qué la demora?

Mirás adelante y ves otras piernas, un rostro, que también se toma un respiro para caminar. Vos pensás y de repente sentís esa sensación horrible, estás pensando algo que no te gustaría que te digan, esa sensación casi de rechazo a algo que vos hiciste hace un par de minutos.

Tal vez al experimentar eso te pongas a reflexionar. Das una mirada a tu alrededor y ves, que no sos el único que forma parte de este todo tan grande. No sos la única cabeza con responsabilidades, poco tiempo y trabajo atrasado. A tu lado, ahora si ves, también esperan trabajadores, estudiantes, familias enteras. Abajo, abajo aún hay más.

Comprendés que no es solo por vos, es por todos y sí…

Una vez más, un brazo se extiende y las vidas frenan. Pero esta vez, no mirás la puerta, solo asentis sabiendo que es lo correcto y que está bien.

  • Común, por favor.

El viaje sigue…