Caminaba rápido, alborotado. Cada paso de él eran 3 de ella. Sus piernas largas de grisin en pantalones ajustados parecían moverse como zancos. Emanaba ansiedad de su voz, en su tono agudo y grave al mismo tiempo, en esas palabras que salían a montonadas sin dejarla pensar en lo que decía.

Tampoco se esforzaba en escuchar lo que decía. Tenia la costumbre de vivir en su propia mente, caminar en piloto automático concentrada solo en los pensamientos que se generaban de las paredes de su cráneo para adentro. Lo curioso es que mientras caminaba con él, sin escuchar una sola palabra y respondiendo cosas como “aah” o “mmhm”,  en lo único que pensaba era en él.

En su pelo reflejando el sol de la mañana o en sus dientes desordenados. En las mejillas rojas. En el sonido inconfundible de su puerta abriéndose. En su bicicleta rota. En sus abrazos incómodos. En los 3 paquetes de leche que se tomaba en un día. En el pañuelo que le sacó y jamás le devolvió. En su sonrisa cuando tomaba alcohol. En la forma indisimulada en que se miraba en todo lo que lo reflejaba. En su boca tomando café. En las plantas de su cuarto. Pensó en el prendiendo velas. En su lista de spotify y su completo monopolio sobre qué se escuchaba. Pensó en lo irritante que era esperarlo cuando se preparaba para salir y como le ponía kétchup a la pasta sin discreción. Pensó en sus ronquidos sutiles. En él mirándola desde el asiento de en frente en el tren. En aquel día que le hablo por primera vez y lo supo, supo que lo quería y fue corriendo a escribirlo para que no quedara solo en pensamiento. Pensó en sus pies y sus manos y su mirada y todas esas imágenes que daban vueltas y vueltas en su cabeza girando y girando como los colores del arcoíris y lo único que quedaba era blanco.

Y de repente escuchó el silencio, de la ciudad y ellos. Solo sus pasos ahora coordinados interrumpían la calma. Lo miró. Tenía su gorro de invierno en el medio del verano y lo vio y lo sintió tan ridículo como siempre pero al final de cuentas la ridícula era ella. Caminando a su lado sin saber siquiera a donde iban, buscando solo un eco para sus pasos que lo siguen y van por donde él los lleva.