Es otoño, uno de esos largos y fríos otoños donde las hojas arrugadas y endurecidas caen de los árboles antes frondosos, árboles altos e importantes que cubrían en otra estación, toda la calle con su sombra. Calle empedrada, una de las pocas que aún persisten en los paisajes de nuestra capital, lindos los paisajes de verano donde por sobre el suelo empedrado se veían a las copas de los árboles jugar con el viento y darse caricias leves. Pero hoy, es otoño y las hojas juegan pero en el suelo al ritmo de un viento más fresco pero no tan frío como el del pasado invierno.

Detrás del quinto árbol comenzando desde la esquina más al norte, se encuentra una casa hermosa, tan linda como la sonrisa gigante de alguien al recibir su regalo más anhelado, la sonrisa más tierna al escuchar por primera vez un “te quiero” de esa persona tan especial, a la cual estás conociendo. Así de linda es esa casa, con un gran patio delantero bien cuidado con el pasto cortito y unos canteros llenos de flores. El murito de la entrada, donde los vecinos se reúnen a tomar ese mate amargo característico del domingo por la tarde, tiene el mismo color que la fachada de la casa, está tan parejo pintado que a lo lejos no se distingue muro alguno. Un color carmesí, ese rojo intenso, intenso como las emociones que dentro de la casa suceden, intenso como un profundo abrazo con mezcla de un “te extraño”. Ese color, el carmesí, cubre los rebordes tanto del muro como de la casa, en sus ventanas hacen el contraste perfecto que le da profundidad y un toque característico a la casa más bonita de la cuadra.

Bonita, linda, casi perfecta, es la mano que gira el pestillo para entrar, manos bien cuidadas aunque utilizadas durante todo el día. Las de Juan son así y como su casa o su calle empedrada, su forma de vida también es linda. El es estudiante de una carrera muy compleja, donde los libros son la principal herramienta de estudio, “pero pucha” cuantos libros, pasa gran parte de su día estudiando y cuando tiene algún momento libre lo dedica a sus amigos. Ellos no viven por el barrio, pero sí cerca de su facultad, no es difícil pegarse una vuelta pero si es difícil que a él le sobre tiempo.

Juan camina todos los días por la avenida principal con su pelo casi dorado al aire, expone su estilo moderno y alocado que corta con cualquier estereotipo de “persona inteligente”. Sus lentes de marca y color negro hacen contraste con su pelo y deslumbra, Juan siempre que camina deslumbra. Aunque tiene solo diecinueve años se viste como un adulto, un adulto con estilo, lo que impresiona sobre todo es su calzado, ¿cómo un chico de diecinueve se puede ver tan bien usando esos zapatos tan anticuados? solo a él le quedan bien.

Aunque muchas chicas lo miran y preguntan por él, nunca lo detienen, no tiene novia.  Algunos se atreven a hablar en su nombre y lo etiquetan al nombrarlo, la palabra más recurrente es “homosexual” aunque muchas veces dicho de otra forma. A él no le importa lo que otros le digan, si le preguntas no te niega respuesta. Le gusta definirse, no le teme y lo dice; Juan dice sentirse más libre y feliz que nunca. Ahí va él, te encandila con su cabello y sigue caminando por la avenida, hasta que en un semáforo se encuentra con la misma calle angosta de todos los días, flechada hacia la rambla y con una linda vista al horizonte.

Una nueva calle se mete en nuestra historia, esta no es empedrada y sus árboles no juegan a tocarse en el aire, es más, casi no tiene árboles. Pero todas tienen algo qué las caracteriza. En este caso es la cantidad de autos estacionados en cuarenta y cinco grados; Autos de todas marcas, colores y tamaños pasan durante horas quietos. Sus dueños llegan se suben y se retiran pero en cuestión de segundos el mismo lugar es ocupado por otro auto. Sobre esta misma calle se encuentra uno de los hoteles más importantes del centro de la capital el más caro y lujoso, algún que otro negocio, un cambio y la revistería más antigua acompañan un nuevo paisaje.

En realidad sobre esta calle no camina Juan pero si Santiago que con sus veinte años se vino a la capital para trabajar en el Hotel. Está viviendo en una residencia estudiantil muy cercana su lugar de trabajo. Santi, como le dicen sus amigos, no pasa mayor parte de su día estudiando pero si en el trabajo, de donde saca el grueso del dinero para poder subsistir. Su sueño es montar un restaurante y tiene un capricho muy lindo que son los tatuajes, tiene muchos, uno al lado del otro, dice que el más importante es ese de la bandera de seis colores que le dan vuelta a su larga pierna derecha, desde el rojo al violeta las seis bandas van envolviendo gran parte de sí. Santi camina siempre escuchando rock pesado  aunque cada tanto dicen que lo escuchan cantando plena por los pasillos blancos y relucientes del hotel. Su familia es de Soriano, se encuentran muy bien económicamente, dueños de campo y de grandes emprendimientos industriales, pero él no quiere saber nada de eso. Quiere ser independiente en todos los aspectos posibles. Juan y Santiago se conocen…

Se acaba de hacer muy tarde, no para Juan ni para Santiago. Se hizo tarde para mi, la persona detrás de este texto, un pibe de veintidós años con pelo castaño claro que decidió hoy escribir algo más. Corrieron las horas y delante del monitor fueron pasando un montón de cosas. Un café, alguna conversación por una red social  y  muchas canciones en la lista de reproducción de mi Acer ya algo desgastada. Me propuse en esta oportunidad jugar, porque de vez en cuando jugar esta bien, jugar a escribir bajo un rol, el rol del detallista.

Me cansé, después de un día largo, y pensé en apagar la computadora dándome cuenta de que vos que estás leyendo esto, no sabes de qué va la historia. Podrás imaginarte un montón de cosas a partir de lo que leíste. Tal vez nuestros dos personajes son pareja o solo dos personas que debido a sus rutinas se conocen, quizás por cruzar siempre la misma calle en el momento exacto en el que el otro también lo hace.

Puede que Juan y Santi no existan, o por el lujo del detalle nos prohibimos de saber que viene después. Podrían ser perfectamente dos personajes que se unen para formar una historia hermosa, una como la que vos te estas perdiendo al darle más bola a los detalles que a tu propia vida.

Esta persona deja de escribir y se va a seguir con su vida, vida que de aquí en más, carece de detalles.