“¿Pará qué carajo me sirve esto a mí?”. De repente te preguntaste esto enfrentado cara a cara con el teorema de Tales o con alguna función de las que disparan chistes del estilo “Yo no voy a pedir 65.(x^2) kilos de tomate cuando vaya a la verdulería” (a lo que si pidieras el verdulero tendría que responderte que sin el valor de la x no puede saber cuánto querés de tomate. En una de esas hasta se aprendería mejor que en muchas aulas los conceptos de variable y función y se evitarían este tipo de chistes).
Y es verdad, quizás las respuestas que te han dado no han logrado ser lo suficientemente convincentes. No vale la pena ahondar en los casos que recibiste un silencio como respuesta y hasta capaz te sentiste triunfante, cuando en realidad fue una gran derrota para todos. Pero otros hicieron el esfuerzo, intentaron responderte.

Es probable que quienes más cerca estuvieron de evacuar tu duda fueron aquellos que te mostraron todas las aplicaciones prácticas que tienen la matemática y algunas cosas bastante abstractas que te enseñan de sus disciplinas derivadas. Hasta posiblemente te convencieron. Pero así como podés entrar en ese caso podés estar en el caso de quienes con esa respuesta y/o la visión un poco menos ciega de lo cotidiano entienden que para algo sirve todo eso, que no son un montón de garabatos que quedan en el papel, pero que no les sirve en lo personal. Al fin y al cabo es una respuesta incompleta, que omite muchas ventajas importantes.
Ya mucho menos efectiva de seguro fue la respuesta de la “cultura general”, algo tan abstracto como lo que te hace plantearte la pregunta. Menos que menos te convenció esa idea un poco difusa que te tiran por la cabeza como respuesta que dice algo como que hay que adaptarse y sobrellevarla porque en la vida no siempre uno va a hacer lo que le gusta ni aún cuando realiza actividades que en lo global le gustan. No es convincente que te sirva para tener una noción general cuando estudiás para sacártela de arriba y listo y mucho menos que todo ese despliegue de teoría “dura” (como le dice la gente y ya de paso hace mala propaganda) sea para templar tu personalidad y voluntad. Ni tan importante te ves ni tan hijo de puta pudo ser Euler.

Al final de cuentas la terminás tomando como un mal necesario o, si la tolerás, no le sacás jugo más allá de las actividades curriculares que te obligan a hacer en el centro educativo al que asistís. Es un gran desafío, del que debería hablarse más seguido, el hecho de cambiar esta realidad, de cambiar la forma de enseñar matemática.

Sería bueno como primer medida desterrar los conceptos de exactitud y objetividad como los únicos caminos que transita la matemática y sus ciencias derivadas. Si bien nadie puede negar que los engloba, limitarla a ellos sería olvidar que los modelos que mejor se ajustan a los hechos que nos rodean son estimativos y/o probabilísticos como así también omitir que las implicancias de las mismas en muchos temas trascendentes, y los razonamientos más interesantes que arrojan a entender de un servidor, van de la mano con un alto grado de subjetividad. Nuestras respuestas a preguntas que tratan desde la existencia de Dios a la del destino, pasando por la unicidad de nuestra realidad o el libre albedrío y abarcando una larga lista de etcéteras tendrán una mayor consistencia, serán mejor entendidas por nosotros mismos y, lo más importante, abrirán paso a un número mayor de preguntas si incluimos deducciones a partir de estudios que nos proporciona la matemática a que si prescindimos de las mismas. Seguirán siendo opiniones, puntos de vista personales, ya por fuera del dominio estricto de las “ciencias duras” pero nutridas en parte por las mismas. No son la matemática, y menos que menos las ciencias de las que es base, abstracciones aisladas o de aplicaciones limitadas estrictamente a su campo de estudio y el grado de interrelación que tienen con una amplia gama de tópicos es, en general, subestimado.
También aportan una mejora en el razonamiento lógico, aplicable a cualquier situación en la vida, amplían el manejo del lenguaje, estimulan la curiosidad y el pensamiento crítico a partir de un estudio responsable de lo que nos dicen los hechos y del análisis detallado que hay que realizar para validar o descartar sus premisas (“No hay verdades sagradas; todas las suposiciones se han de examinar críticamente y los argumentos de autoridad carecen de valor”).

Así que cuando se te plantee la duda de nuevo si todavía te la cruzás seguido o te la plantee alguien más acordate: te sirve a vos como un estimulante para pensar, para entender mejor dónde estás parado y te da algún que otro método más que podés sumar a los que ya contás a la hora de responder preguntas, sin olvidar que es una fuente inagotable de ellas. Seguro que eso sirve, nos mejora y mejora a nuestro entorno.
Es un desafío para todos entonces entender que sí, que eso también es matemática.

*El título es una adaptación de otro (“¿Eso también es matemática?”) que encabeza una columna publicada en la Diaria por Marcelo Fiori, gran docente además de todo lo que dice que es al final de la nota, en el marco de las columnas por los 100 años de la facultad de Ingeniería. Aunque la nota no tiene mucho que ver con esta entrada.