A propósito de la nota de opinión Olé: una reflexión de un uruguayo sobre la tauromaquia

España vive horas difíciles, con una crisis que la golpea desde 2008. Un PIB que viene bajando, Una distribución de la riqueza que viene deteriorándose, un fuerte nivel de desempleo y con un gobierno que ha recortado múltiples derechos colectivos, con elementos como la famosa “Ley Mordaza” o la reforma laboral pepista (sumada a la del PSOE). Estos acontecimientos, nos deberían llevar a pensar que los distintos colectivos de izquierda, en todas sus formas, deben tratar de actuar frente a este tipo de atropellos que venimos viendo en los últimos años.

Es así que empieza mi respuesta al articulo sobre la posición de la izquierda en torno a este asunto de la corrida de toros, que ha desbordado todas las fronteras. La resolución de esta suerte de dilema en torno a las corridas de toros no nos va a llevar al socialismo o al fascismo. Tampoco puede resumirse en un “Civilización o Barbarie”. De todas formas para avanzar en un proceso civilizatorio distinto, avanzar en democracia y con una visión integral de la sociedad estos temas son sumamente necesarios discutirlos.

Es necesario remarcar un artículo anterior de este mismo blog (Animalismo y sociedad: hipertrofia de una sensibilidad) que señalaba los problemas que está teniendo la humanidad en calibrar la mirada y especialmente el corazón en los seres humanos más jodidos del planeta. Cuando empezamos a preocuparnos más por animales que sufren y despreciamos a las personas que están en las peores condiciones humanitarias, está claro que tenemos un problema. Sin embargo, esto no nos habilita a pasarnos al otro extremo de sentirse con la libertad de destruir a todos los seres vivos que se nos ocurran. Esto es simplemente una dicotomía que se vuelve una completa antinomia, ya que con una mirada global, vemos que la mejor manera de satisfacer nuestras necesidades es cuidarnos a nosotros y el entorno que nos rodea. Un ejemplo de esto es la huella ecológica que año a año el mundo va dejando, si seguimos pensando en que el resto de los seres vivos no importan, porque nuestras actividades son rentables o divertidas, muy pronto terminaremos sin planeta que explotar. La crisis civilizatoria es también ambiental.

Esto viene de la mano de la critica de, quizá, el argumento que es el eje de toda la argumentación, en este se marca que los preceptos de la izquierda son que cada uno pueda hacer lo que se le antoje, es decir se maximizaría la libertad individual, libertad negativa. Esta argumentación cae por falaz, ya que es precisamente esta propia de la retorica liberal, son estos los que basan su pensamiento en la libertad negativa e individual. Esto es totalmente falaz, el proyecto de izquierda se basa justamente en todo lo contrario, en lo colectivo para enfrentar al “hace la tuya”. En ese sentido, la libertad individual y la colectiva se desarrollan en conjunto, con una relación dialéctica, generando obligaciones y derechos. Estos dos discursos se oponen entre si, ya que el primero quiere hacernos creer que somos más importantes que todo el conjunto social, y permite lógicas bastante perversas como pensar que la tala de la amazonia no es algo a lo que se deba combatir porque si a ti no te gusta que miles de especies animales mueran lo que tenes que hacer es no hacer nada, pero si otros quieren hacerlo están en todo su derecho porque simplemente están en libertad para hacerlo. Asimismo, como venimos diciendo, se niegan los proyectos colectivos, parece que organizarse por algo que se entiende injusto es ser autoritario, parecería que si las cosas no suceden por consenso se está actuando de forma autoritaria porque se viola la libertad de alguien para hacer lo que su libertad le indica, aunque nunca se analiza el proyecto que se tiene de vida. Además como es claro, y se repite siempre en la escuela, no hay que confundir libertad con libertinaje ni prohibición con prohibicionaje.

Y es en esta línea que es verdad que hay que dar la batalla cultural, que si nos parece mal, como a mi me parece, matar toros por diversión, deporte y morbo; debemos dar esa guerra de posiciones pero sin olvidar que tenemos posiciones claras frente a esto, y que el común denominador de nuestras batallas políticas va a ser intentar convencer por distintos medios que esta actividad es mala. Por más que una mayoría esté de acuerdo en algo, es propio de la lucha política siendo los menos intentar convencer a los más, aunque se pierda. Un ejemplo gráfico uruguayo es la lucha en contra de la ley de caducidad, hemos perdido dos plebiscitos pero seguimos reclamando frente a esa injusta ley, y a mi entender hubiera estado bien que la mayoría del Frente Amplio derogase esa ley, aunque signifique “por arriba”. No se puede aplicar formulas mecánicas a casos distintos.

Finalmente hay que preguntarse si por ser una cultura local, que se diferencia de la cultura global que impone el capitalismo es “per se” algo positivo. Desde mi perspectiva no, es algo ancestral pero que promueve un morbo sobre la muerte y la naturalización del asesinato, así como otras cosas negativas relacionadas con la misma y el espectáculo que lleva que una persona intente sortear la muerte por un animal. Puede ser un arte o un deporte, lo que no impide que desde ciertas miradas se lo condene como negativo, por más que represente culturas locales antagónicas a lo global, hecho con lo que se puede tener acuerdo.

En definitiva, todos podemos tener visiones distintas sobre el hecho, pero desde una óptica que busca entender la sociedad como un conjunto que debe relacionarse entre si para avanzar en formas que contemplen la diversidad pero también contemplen la igualdad, donde seamos libres realmente por el poder ser y no por el poder hacer, esa también es una disputa.