La calle piensa
Nos agarra sentados en un banco duro y frío
mirando las colillas de cigarro y los charcos
las luces suspendidas en el aire
y piensa…
Piensa cómo la engañó la ilusión
las lágrimas de un niño
la banana de Andy Warhol
el canto anónimo de un loco
de manos inquietas y pies imparables
de caras múltiples;
piensa en cómo la engañaron
sus bases de arena y hormigón
su cordón hundido y despistado
Nos creyó capaces de mirar hacia arriba
más allá de las ventanas y los techos
de regalarle nuestros pasos
pero se los fuimos quitando de a poco
como le quitamos las estrellas
y la noche
La calle pensó alguna vez
que sabríamos el camino,
sin saber
incrédula
que nunca fuimos a ningún lado
Quiso enseñarnos
a llegar
a volver
a andar…
La hicimos nuestra pero de nadie
sólo para quitársela a alguien
que no la diga suya
solos por entre sus venas grises y viejas
Le robamos su silencio y su soledad
su condición finita
con la asquerosa permanencia atemporal
de la campante actividad
esquivamente productiva
Y vamos perdiendo la inspiración
aferrándonos a la última parada
a la idea
de que la calle no se olvide de nosotros
y no se alce por lo que es suyo
Vamos abandonando la inspiración
como si fuera otra cosa
que consecuencia disfrazada de azar
La calle piensa
cada vez mas enrejada
ya sin llegar al mar;
va anotando en cada grieta del asfalto
lo que tiene para decirnos
pero que aún no entendemos…
La calle ya no piensa
pero no duerme
Nunca duerme
Ya no llega al mar.