Imagínense que les dijera:

Año 2100. Un coche de movimiento autónomo (sin la necesidad de un conductor humano) circula en pruebas por las calles de Mountain View (California). Los autos de esta compañía ya llevan más de 2,4 millones de kilómetros de recorrido en pruebas y se avanza en un esfuerzo conjunto entre algunas empresas y algunos gobiernos para allanar lo más rápido posible el camino para que en un lapso de tiempo relativamente corto se logre llegar a instaurar permanentemente la circulación de estos coches por la vía pública.
El robot Roomba 980 va por la casa de su dueño, limpiando a su paso lo que encuentra, reconociendo las zonas que ya limpió y evitando caer por precipicios, por ejemplo por las escaleras, y aunque a veces se da bruscamente contra los muebles y se le complica para hacer su trabajo en espacios reducidos, parece cumplir bien de bien en líneas generales.
Se anuncia para el futuro cercano una especie de mini-mayordomo robótico, capaz de moverse de forma independiente, interpretar órdenes de voz y cumplir tareas como poner música ambiente y proporcionar recetas de cocina.
Un software de inteligencia artificial (capaz de “aprender” y “resolver problemas”) le gana al campeón del mundo de Go, un juego milenario con una cantidad de jugadas posibles bastante mayor a las del ajedrez, mientras otros software de la misma índole ayudan a bufetes de abogados en problemas de bancarrota empresarial o sirven de profesores asistentes en cursos online sin que los alumnos se percaten de que no se trata de un ser humano.

Más allá de sorprenderse por mi imaginación o mis habilidades de futurólogo, a nadie le parecería muy descabellado que en el 2100 las cosas estuvieran en un estado de situación parecido.

A decir verdad no tengo ningún tipo de habilidad para la futurología, por lo que es mentira que eso es en el 2100. Tampoco tengo tanta imaginación ni miré en exceso Los Supersónicos cuando era niño. Simplemente estaba comentando hechos. No del 2100, por supuesto. Del 2016. Y anteriores también.

La robótica y la inteligencia artificial están en pleno desarrollo, se están insertando de a poco en diversos tipos de tareas ayudantes robóticos capaces de lograr con gran eficacia los trabajos que se les piden en los más diversos rubros.

Los más optimistas ven posibilidades de mejora de todo tipo en la calidad de vida de las personas, con impacto directo en la comodidad, la cantidad de tiempo libre y la transformación del mercado de trabajo, en el que los robots tomarían las tareas menos deseables para los trabajadores, dejando a estos tareas más centradas en la creatividad, la intuición y la toma de decisiones.

Por otra parte, los más pesimistas no solo critican el gasto millonario en robótica sino que a su vez temen por un posible mecanismo sustitutivo en el cual los robots vengan a ocupar el lugar de los humanos en muchas tareas, relegando a aquellos que las realizan al desempleo o a salir de urgencia a reinventarse como trabajadores para adaptarse rápidamente al nuevo orden del mercado. Además, se entiende que el hecho de disminuir la cantidad de tareas ejecutables por humanos disminuirá la cantidad de puestos de trabajo en vista de que las empresas priorizan la mejora de su desempeño productivo y evidentemente, a medida que se avance en abaratar los costos, un robot será más efectivo y tarde o temprano menos costoso que un ser humano, siempre que pueda realizar la misma labor.

Mientras tanto, en Uruguay no es ni por asomo un tópico de conversación nada de esto. No sorprende, debido a la existencia de temas de actualidad más cercanos en nuestro diario vivir, a la noción de que los cambios llegan acá siempre después que en el resto del mundo y al evidente parecido con la ciencia ficción que acarrea esta temática. Sin embargo, habría que intentar instaurar de a poco un debate serio en varios ámbitos sobre un fenómeno que, por más lejano que nos pueda parecer en el tiempo mirando hacia adelante, nos rodea y que avanza a un ritmo hasta a veces superior al esperado por quienes trabajan en el desarrollo tecnológico.

Es evidente que el mundo camina en una dirección de cambios sustanciales que se llevarán a cabo por los medios mencionados e intentar evitarlos supondrá desperdiciar las potenciales ventajas que los mismos nos podrían proporcionar, que no son pocas. Sin embargo, dejar que los avances se produzcan sin regular el ritmo de los mismos en función de los impactos que tengan sobre la población podría hacer el proceso bastante doloroso.

Sería conveniente definir un enfoque, que se transforme en política de estado, sobre el tema. Evidentemente no es lo mismo que los cambios se implementen a ensayo y error que con una idea previa de cómo se quieren hacer las cosas. También sería conveniente evitar vacíos legales que signifiquen una complicación para la población, principalmente para los trabajadores que pudiesen “sufrir” el cambio, a la hora de la inserción de los robots en el mercado laboral. Por ejemplo, dando garantías de que en ningún momento se permitirá la pérdida de una fuente de trabajo a manos de un robot sin asegurarle a dicho trabajador la capacitación necesaria para desempeñarse en otra tarea y una asignación en la misma con una remuneración acorde a lo que percibía en la tarea que fue sustituido o, en caso de ser mejor, acorde a la tarea en la que fue asignado (cabe aclarar que desconozco si hay legislación con respecto al tema, sin embargo es de dominio público que existen vacíos legales en varios aspectos relacionados a la Internet, por lo que no me parece descabellado suponer que si falta legislar en un tema que ya es parte de nuestro día a día hace rato entonces falta legislar sobre otros que lo serán a futuro). Por último, pero de suma importancia, es pertinente revisar paulatinamente formas, contenidos y evidentemente recursos destinados a la educación para estimular de mejor manera facultades creativas e intuitivas en las personas y aportar herramientas que sirvan para una fácil adaptación a un escenario bastante distinto al de hoy en día. Aunque esto último sería positivo aun sin ningún cambio drástico en el horizonte, simplemente esto es un aliciente más.

El cambio parece inminente, va en nosotros decidir si lo regulamos y prevenimos sus implicancias negativas sacándole el mayor beneficio posible a las positivas o dejamos que nos tome por sorpresa. Obviamente no hay mucha profundidad en esta columna de opinión más que ideas generales que reflejan un parecer. La idea es insertar e interesar por el tema a quien tenga la desgracia y se haya tomado la molestia de leerla. El tema está ahí y estaría bueno empezar a abordarlo y trabajar sobre los posibles escenarios que se nos pueden presentar.

El futuro ya llegó.

Fuentes y enlaces de interés:
Google y Fiat fabricarán auto sin conductor
Robots amenazan puestos de trabajo menos creativos
Zenbo, el robot doméstico de Asus
Roomba 980
Robots profesores, abogados y periodistas
Transplante de riñón asistido por un robot
AlphaGo vs. Lee: la máquina venció al humano