Hacía tiempo que no escribía y tenía ganas de pensar algún tema de esos aburridos que hablan de la actualidad política de nuestro país, o de alguna discusión teórica de izquierda. En fin cosas propias de un tipo que estudia Ciencia Politica.

El problema de eso es que no se me ocurrió nada, y estoy acostado después de bañarme debido a que estaba empapado por la lluvia. Es ahí cuando me doy cuenta que el tema del que quiero hablar es eso, justamente, la lluvia, la tormenta que vivimos.

 

Creo que en esa discusión filosófica y epistemológica sobre como se generan los conocimientos, en este caso los sentidos le hacen lo que Alemania a Brasil a la razón. Es que la tormenta es un conjunto de sensaciones y experiencias muy difíciles de acumular en un solo razonamiento. Es el ciclo del agua en su expresión más cabal; pero también es el ruido del agua caer o del granizo; es el frío que produce; es el olor a tierra mojada, es el olor a pavimento mojado; es el recuerdo de comer granizo en la niñez; es el recuerdo de una rica torta frita; incluso para algún religioso puede ser la imaginación del arca de Noe; o para algún literario puede significar un paralelismo psico-cosmico con su estado de animo. En resumen, la tormenta es todo eso, es una parte de nuestra vida, es parte de esos recuerdos mojados que nos quedan y que quizá generen un montón de sensaciones que recordamos.

En definitiva, un día de lluvia nos puede llevar a muchas cosas, entre otras a escribir un articulo sin sentido como este.