Todas las pausas comienzan lentamente a acumularse alrededor de tus sienes, y el pelo nace, despacio, duro, salvaje; crece de tus sienes limpias, de los ojos negros, donde la verdad imposible llena todos los pozos de agua que acumula tu cuerpo firme; mil veces canté canciones que reventaron entre tus dientes, que se ahogaron impasibles en los recovecos oscuros de tu boca, de tu sonrisa, alegre, inmutable oscuridad- pero es liviana, una oscuridad pasajera, un violeta lejano que se quiebra al chocar contra tus labios de sonrisa grande; se disuelve despacio la melancolía y la cerveza que empieza a bajar, que empieza a abrillantar la mirada y llenar de vida los cachetes firmes que quiero morder con fuerza y tragar- yo soy la reina de la antropofagia.

Todas las bocas de mi cuerpo chillan porque ahora, seguro, te tengo adelante, y vibra la piel rota de mis piernas, mi pasado manchado de todos tus amigos; chilla mi cuerpo entero, se retuercen mis lumbares cuando me lanzo hacia adelante, en la desesperación total de rozarte un poco, un poco más, en el silencio perdurable de las conversaciones vacuas; me vuelvo un animal, me cambia la forma del cuerpo, porque tenerte ahí, siendo vos la voz de todos mis llamados, no soy más la fragilidad, (te lo prometo), no soy más los huesos rotos, no soy más la tristeza, soy el fuego, con las garras prontas para clavarse en tu carne, para besar los pelos que crecen en tu pecho y que abarcan los rincones mismos de la noche, donde termina mi suspiro largo, perdido en la intensidad del vacío que empiezo a sentir arremolinarse a mi alrededor, tragarnos enteros, en el vaivén de la imposibilidad total- qué terrible es la imposibilidad total.

Te repito mil veces mi nombre, con los pelos de punta porque te siento cerca, atento, te escucho subir las escaleras.

Cuánto más puede gritar un cuerpo abrumado por el silencio.