América

Llegaron,
sin más,
trayendo su corrupción
a un mundo virgen,
dónde la palabra valía como el oro
y el oro valía por lo que era:
parte de la Tierra;
trayendo odio,
rencor, avaricia, lujuria, gula,
peste o muerte,
bajo el lema de Dios,
de un Dios adulterado,
dónde su voz decía una cosa
y su espada hacía otra.

Quemaron los campos,
las cosechas,
la vida:
tenían el Edén bajo su ojos
y como un instrumento del Demonio
lo destruyeron,
lo enviciaron,
lo borraron.

Esclavizaron, 
asesinaron,
mutilaron,
a otros hijos del Señor
para robarle al Mundo
sus riquezas; 
lo dejaron desnudo,
sin gracia,
pero el Oro 
estaba en sus carabelas.

Destruyeron en segundos
culturas milenarias,
y le negaron a la Humanidad
su sabiduría,
pero le dicen a la Historia
que vinieron a civilizar;
hicieron del Paraíso un Infierno,
y lo lograron,
por un tiempo.

Pero con el cambio de estación,
las heridas comienzan a cicatrizar
y las plantas vuelven a florecer,
primero, un poco,
luego, mucho,
nuestra América Latina,
bastarda,
va a renacer,
a resurgir de sus cenizas,
y como un alcón flamante
roerá los gusanos
que nos dejó la tormenta,
y alzará su vuelo
hacia lo más alto.

Manuel Serra | (@serra_sur)