Me cuesta expresar a otros mis ideas. Me cuesta reconocer lo que siento, identificarlo. Lo encontré con la literatura, pero de una forma metafórica, nunca directa, literal. Pero hoy, hoy voy a hacer un esfuerzo por escribir mis sentimientos. Soy un miembro más de esta sociedad, como vos lector/lectora, como ella Lucía, como ellos. Y no puedo evitar sentirme parte no solo del dolor, sino de la locura. Soy también otro ladrillo en este muro que no nos permite amarnos como especie. Un muro que creó diferencias, tantas diferencias que llegamos a querer hacernos daño entre nosotros. Llegamos a lastimar a aquellos que debíamos proteger más. Hoy tengo casi 20 años, pero tuve 16 hace muy poco, como casi todas las mujeres y hombres de este mundo tienen o ya han tenido 16 años. Entristece más, porque sabemos que estás llegando a tu mejor momento, en términos de salud estás impecable y sobre todo estás con muchas ganas de vivir, tenés una energía insaciable que necesita salir por algún lado. Algunos  la logran canalizar en el estudio, el conocimiento; otros en el deporte, el movimiento; otros en hablar con amigos, con gente; otros en la música, en el arte; otros en viajar, conocer. Tantas cosas para hacer, tantas cosas hermosas en este mundo. Y no hablo de lo que se perdió Lucía, sino de todo lo que niega alguien cuando llega a este punto, el quiebre para pasar a querer lastimar a otro. Cuando se quiere hacer daño. Cuando se siente tal tristeza, tal soledad, tal enojo que se lastima, se hiere. Ese enojo, nace de ese muro. Esa violencia surge de ese muro.

Porque entre ropa y cosas me olvido del que llora.

Porque entre salidas y risas me olvido del que no come.

Porque entre quejas y plata me olvido del que no puede.

Porque entre miradas y sonrisas me olvido del que pelea.

Porque entre sabanas suaves y un pijama nuevo me olvido del que no es yo.

Como sociedad tenemos actitudes que niegan al otro y generan tales diferencias de la que nace el enojo, el odio e inducen conductas violentas.

Mientras que leo la noticia de las 70.000 mujeres peleando en Rosario por una sociedad más justa veo en otro medio que hay otros justificando esta marcha en la misma noche. Solo para demostrar que falta mucho por hacer, mucho por pensar. Pensar solos y entre todos. Que tenga que haber montones de gente movilizándose para que uno se de cuenta que lo que está haciendo está mal es muy triste. Uno podría mirar sus actitudes, a largo plazo y día a día, reconociendo como se siente al respecto. Si me gusta lo que estoy estudiando, si estoy en un trabajo que me respetan, si estoy comiendo sano, si estoy dando lo mejor de mi, si estoy haciendo sentir mal a alguien, si puedo ayudar a alguien… Y a partir de esa mirada se cambia. Todos cambiamos, cambiamos constantemente. Personalmente busco hacer las cosas que me hacen sentir en paz, que me hacen sentir en armonía, que me hacen sentir que estoy aprovechando la vida que mis padres me reglaron, que estoy aprovechando el planeta en el que nací, que estoy aprovechando las oportunidades que se me dieron y que yo construí para mí. Y cambio. Estoy cambiando siempre y no siempre le emboco. Y sigo probando. Porque no quiero lastimar a nadie. Porque es importante que para estar bien y hacer lo que uno le hace feliz, uno lo haga con respeto, respeto al mundo, respeto al planeta, respeto a los animales, respeto a las plantas, respeto a las personas, respeto a los sueños, respeto a las ideas y respeto  a uno mismo.

Porque hablando de faltas de respeto, al punto que se le negó el derecho a tener una voluntad ante su propio cuerpo, a elegir su pareja sexual, las prácticas sexuales que se harían, el momento, el lugar, negándole hasta el derecho a la vida, pareciera que estamos batallando contra épocas crueles,  épocas de horror, épocas de miedo y mucho dolor. Épocas en que no se respetaba al otro por ser y pensar distinto. Épocas medievales. A Lucía la asesinaron con un mecanismo de tortura y ejecución por el cual  se inspiraron a crear un personaje como Drácula. Un personaje medieval, oscuro, asesino, torturador. ¿Dónde quedaron los siglos de lucha por una sociedad más justa? Espejamos a los siglos más oscuros de la historia humana. Empalamiento. No pude creerlo cuando busqué qué era esto. Explicarlo no es mi fin.  Esta estrategia era aplicada mayoritariamente en mujeres. Curioso. Época en que se juzgaba a las mujeres por brujas. Brujas. Si, con poderes mágicos, pociones y todo. Brujas. Y el domingo 9 de octubre se asesinó a una chica de 16 años como si fuera una mujer condenada por brujería hace siglos; pero acá, en Argentina, Rosario, 2016. ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué está pasando?

Estamos en un momento de la historia como seres humanos que somos muy capaces de cuestionar nuestras acciones. Racionalizamos muchas cosas y dudamos de casi todo, el sistema, la educación, nuestros padres, nuestros empleos, Dios.  ¿Qué excusa nos queda? Si Dios no nos manda, si el Estado no nos manda, si nuestros padres no nos mandan, lo hacemos nosotros solos entonces debemos cuestionar este tipo de actitudes y reconocer su monstruosidad para no hacerlo.

No, no quiero que me violen y no, no quiero que me maten. No quiero eso para nadie. Tendría que ser suficiente.

Le decimos a la diversidad que abra las alas y vuele con ganas, pero no podemos aceptar esta violencia dentro de nuestra sociedad tan llena de colores, caras distintas, voces distintas, sueños distintos, ideas distintas.

¿Dónde quedo el amor que tanto tiempo nos costó conseguir? Tanto tiempo buscando discernir las diferencias sociales para entendernos a todos como iguales. Iguales, merecedores de lo más lindo que tiene esta vida para darnos, que es la vida misma.

Defendamos nuestros derechos, defendamos nuestra diversidad, defendamos nuestras vidas, las de todos y todas, como hombres y mujeres, juntos.