El 20 de enero de 2017 Donald John Trump asumió como Presidente de los Estados Unidos de América. El 21 de enero de 2017 alrededor de tres millones de personas inundaron las calles en ciudades de todo el país en protesta. El 22 de enero de 2017 Donald John Trump continuó siendo presidente, pero todos quedamos un poquito más contentos.

Las marchas multitudinarias no suelen ser hechos espontáneos y horizontales. La gran mayoría de las acciones colectivas suelen ser organizadas, en mayor o menor medida y con más o menos disimulo, de arriba hacia abajo. Este lamentable requisito de la política de masas contemporánea genera más que lloriqueo teórico; los eventos políticos se vuelven predecibles, aburridos, demasiado burocráticos y estructurados. Seguramente por eso las women’s marches llamaron la atención.

Lucía Surraco y Amy Bowman Surraco, corresponsales de Las Sobras del Cumpleaños en absoluto relacionadas con quien escribe, estuvieron en las marchas de Boston y Washington para contarnos sus experiencias. Lucía estaba en Boston por la universidad, así que acudió a la marcha que se hizo en esa ciudad. Amy alquiló una minivan en New Jersey para ir con 4 amigas a la marcha principal, en Washington.

Según ellas, las marchas fueron organizadas esencialmente a través de las redes sociales (sobre todo eventos de Facebook). Amy cuenta que todo empezó cuando una mujer en Hawaii hizo un evento en Facebook y al otro día la cosa explotó en las redes. A ella se sumaron otros esfuerzos virtuales individuales, que se unieron para formar el colectivo Women’s March on Washington (¿quién puede pensar algo más perfectamente grassroots en la era del activismo virtual?). Aunque la organización se institucionalizó bastante (tiene un estructura política con cuatro co-chairs nacionales, una Head of Campaign Operations y demás) y mantiene ciertos lazos elitistas (George Soros y demás), el evento estuvo caracterizado por su surgimiento desde las bases y su explosión rápida.

También se formaron sister marches en otras ciudades, independientes organizativamente de la marcha de Washington (la de Boston, por ejemplo, organizada por Massachusetts Women’s Political Caucus). Además, salieron ómnibus desde muchos estados para llevar gente a la capital.

Lo espontáneo del hecho político fue percibido por todos. Amy resalta el clima alegre, vivaz y amigable de la marcha de Washington. Esto no es menor. Los colectivos políticos no suelen ser lugares demasiado amigables. Suelen generar una cotidianeidad contradictoria con las causas defendidas en el discurso. Las relaciones suelen ser interesadas, competitivas, despersonalizadas y/o pasivo-agresivas. Las acciones cotidianas también producen realidad social. En este sentido, millones de personas marchando en un clima de paz y solidaridad tiene una magnitud fenomenológica que le hace mella al poder institucional de Trump.

El carácter espontáneo de las marchas, a la vez, se vio reflejado en las causas defendidas por sus participantes. Lo que se pensó como marchas de mujeres terminó siendo marchas por los otros. No fueron marchas de las mujeres, porque asistieron una cantidad considerable de hombres. Tampoco fueron marchas por las mujeres; según Amy y Lucía, las motivaciones de los participantes excedían ampliamente la lucha contra el machismo. Basta ver los carteles de los asistentes a las marchas para comprobarlo.

Fueron marchas en defensa de los sujetos atacados por el discurso trumpista, marchas en defensa de los otros agrupados bajo el significante vacío de las mujeres. Decía Simone de Beauvoir que el género femenino es constituído socialmente desde la infancia como lo otro con respecto al género masculino, una otredad subordinada con respecto al sujeto hombre. En este sentido, se puede pensar que el término las mujeres (lo otro) fungió como significante vacío de los otros coyunturales, los que son atacados por el discurso trumpista: mujeres, población LGBT, masculinidades no tradicionales, inmigrantes, negros, nativos, latinoamericanos, estadounidenses descendientes de extranjeros, militantes, ecologistas, ¿trabajadores? y demás. El término women’s march sirvió como significante vacío para agrupar todas estas formas de subalternidad de la era trumpista, en el sentido de Laclau y de manera similar a la palabra “pueblo”, y esto sucedió de manera cuasi espontánea y desde las bases.

La presidencia de Trump no podría haber empezado mejor.