El exfutbolista Diego Latorre escribía hace un par de días “Roger Federer es un deportista contracultural. Ama lo que hace. No necesita que nadie lo estimule. Juega al tenis, no trabaja de tenista”. Y es algo que en el día de hoy también se puede decir de Rafael Nadal, tenista que ha hecho del tesón y la mentalidad ganadora todo un arte.

Cuando todos las daban por acabadas, estas dos personas volvieron a demostrar su calidad y amor por el deporte. Hace unos meses venían de lesiones importantes y sin embargo, con la posibilidad de tener una millonaria cuenta bancaria en vez de jugar al nivel que se esperaba, dejaron todo para regresar a un nivel impresionante. Es que es la gloria que los mueve. El suizo decía después de ganar su semifinal ante Wawrinka que este domingo saldrá a dejarlo todo: “no me importa si no puedo andar en los próximos 6 meses”.

Gran lección para el deporte y la vida en general es que uno tiene 30 y el otro, 35 y a pesar de las derrotas de los últimos años lo siguen intentando; siguen buscando hacer historia. Sin pretensión de libro de auto-ayuda, es una lección que nos dan constantemente a las personas y los pueblos, de que a pesar de las dificultades hay que salir a buscar nuestros sueños, nuestros anhelos, porque nadie nos va a regalar nada, y menos en la vida ajena al deporte.

Con trabajo, dedicación y un entusiasmo propio de aquellos que buscan sobrepasar el momento y hacer historia, estos personajes hacen honor a esa frase de Samuel Becket, que, repito, nos puede echar luz sobre experiencias populares y no solo personales: “siempre lo intentaste, siempre fallaste, no importa. Inténtalo de nuevo. Falla de nuevo. Falla mejor”.

Que sea una gran final