Una autocrítica de lo bizarro (¡gracias Nietzsche!)

El humor en general capta mi atención y más aun si es bizarro. Puedo afirmar sin temor que soy un hincha de lo bizarro. Soy de pensar bastante las cosas, de darle más de una vuelta al mismo tema, más que nada cuando me interesa. Lo bizarro no es una excepción. Pero cuando pienso sobre algo, me surge inmediatamente, casi como un reflejo, su crítica. Sobre las cosas que me apasionan genero al instante una autocrítica. Probablemente exagere (esto es una muestra de lo que decía recién). Supongo que ésto será un mecanismo de defensa para justificarme en debates futuros (¿?). Como decía, lo bizarro no es una excepción a esta obsesión con forma de examen médico que se toma el atrevimiento de hacer mi cabeza. Un par de ideas empezaron a moverse cuando leí la genealogía de la moral de Nietzsche para facultad.

Sobre el final del capítulo 6 del segundo tratado “ y otras cosas afines” retoma una idea de otros de sus libros “Ver sufrir sienta bien, hacer sufrir sienta todavía mejor: esta es una afirmación dura, un viejo y poderoso principio fundamental humano-demasiado-humano” (Nietzsche, 38). Es extraño encontrar en un mismo enunciado al placer y al dolor juntos (con excepción de la canción de 4 pesos de propina), sobre todo para nombrar como el dolor de uno significa el placer del otro. Como su trabajo se trata de una genealogía, se embarca en narrar el origen de este aspecto que según sus palabras preludia al hombre. Lo económico empieza a ganar terreno en lo moral y así quien causa un daño está en deuda con la persona dañada. Lo curioso es cómo se paga la deuda: quien sufrió el daño no quiere ser compensado u obtener una ventaja sino que desea infligirle un daño al otro, porque goza de provocarle un daño al otro. Este principio podemos verlo en antiguas fiestas populares o bodas que no eran consideradas de gran estilo sin ejecuciones o torturas. Pero también podemos verlo en acontecimientos más comunes en la actualidad y menos bárbaros a nuestros ojos: desde el deseo que el equipo rival en fútbol pierda siempre, hasta desear que quién cometió un crimen se pudra en la cárcel. Fruto de la expansión civilizatoria este principio perdió sangre y ganó sofisticación. La alegría fue cada vez más confinada en la medida en que este animal domesticaba cada vez más su crueldad. Nietzsche lo dice así “Me refiero al enfermizo enternecimiento y moralización en virtud de los cuales el animal termina por aprender a avergonzarse de todos sus instintos. De camino hacia el <ángel> (para no utilizar aquí una palabra más dura), el hombre ha ido criando en sí mismo ese estómago estropeado y esa lengua cubierta que hacen no solo que la alegría e inocencia del animal se hayan tornado repugnantes, sino que la vida misma haya pasado a ser para él una cosa poco apetecible.” (Nietzsche, 39)

Acá es donde entra en juego lo bizarro cumpliendo dos roles que se conjugan. Antes de hablar sobre los roles que cumple quiero aclarar qué entiendo por bizarro. Lo bizarro como lo entendemos en Uruguay en 2017, solemos asociarlo a lo grotesco, a lo desproporcionado, a lo raro. Esta idea no tiene absolutamente nada en común con la definición de la RAE que lo define como: valiente, generoso, ó como lúcido, espléndido. El origen del uso cotidiano que le damos a la palabra bizarro proviene del francés bizarre (que también retoma el inglés) ligado con lo raro, lo fuera de lo común. Retomando los dos roles que juega, pienso que por un lado bajo el paraguas que ofrece la etiqueta es que se pueden liberar dosis tolerables de crueldad en sociedad. Es la válvula de escape que a su vez que brinda algo de alegría también nos protege. Por el otro etiquetamos a lo diferente, lo raro, lo grotesco y al mismo tiempo que marcamos a lo otro como raro nos asumimos normales. Qué reconfortante. Por eso no me extraña que cuando busqué bizarro en el buscador académico de google aparecieran más que nada cosas vinculadas a lo patológico. Entonces lo bizarro, el humor bizarro es una de las expresiones más sofisticadas del avance civilizatorio porque se basa en los parámetros de lo que es normal en una sociedad y los refuerza dictando qué es normal y qué no; al mismo tiempo es uno de los últimos resabios de el principio humano-demasiado-humano en donde ver y hacer sufrir sienta bien. Podés reírte de lo extraño porque lo nombraste como extraño primero.