I

La calle Ciudadela descansa bajo la lluvia
Un rojo resplandor que desde el piso me atraviesa
El charco que moja los zapatos de pensar.

Las gotas que ametrallan sobre suelo
El 64 que aparece de un destello
Y me dice que estoy aquí, borracho y loco
Y que te amaré por siempre.

El tránsito que de a poco comienza a renacer
Violando la virginidad de la madrugada
Y lo tarde se hace temprano.

Y las capuchas se hacen paraguas
La música, informativo
Las carteras, mochilas
Las risas, silencio.

Es un día nuevo
Aunque el otro aún no ha muerto
Sólo agoniza
Montevideo

Agonizamos todos
O al menos los cuerdos.

 

II

Maldita ciudad que se lo ha llevado todo.

Me ha llenado de ingratitud y desespero
de obsesión y de violencia.

Todo es tu culpa, Ciudad
tuya y de los meses.

¡Maldita! ¡Sucia!
Te la llevaste a ella y por eso te odio.

Le diste cosas nuevas, le diste lo desconocido
lo exótico
y me dejaste a mi en tus basurales.

Me has dejado obstinado y viejo
encerrado/empañado
viéndola irse y no volver más.

Ciudadlaberinto
que me hiciste perderle el rastro
me hiciste Asterión entre tus muros
con puertas sin cerrojo
cayendo día a día de tus azoteas
hasta desangrarme.

Ciudadvientohuracanado
que borraste mis huellas de su playa
me dejaste deshojado
en un “no” que dura para siempre
que retumba en tu viento
y se hace brisa eternamente

Le enseñaste el desprecio, Ciudad
se lo mostraste y le ha gustado
y en mí lo practica
y yo muero de a poco.

¡Eso has hecho, Ciudad! ¡Me has matado!
Maldita seas tú y tus calles
Y tus meses y ventanas
tus muros infinitos
tus puertas sin cerrojo
tus cuartos sin muebles
las caras de la plebe
descoloridas y aplanadas
maldita sea tu mano abierta
y tu desprecio hereditario.
III

La gente ya no mira hacia arriba
Vaya uno a saber qué es lo que miran
Mejor ni siquiera preguntárselo…
A sus pasos seguro que no
Nadie mira ya sus pasos
Son pequeñas prolongaciones de los movimientos automáticos de sus piernas presas del ritmo de sus relojes
Tampoco miran al resto de la gente
No mira a la gente, la gente
Pareciera que miraran al vacío
Al menos podrían mirar al vacío que está arriba
El de las ventanas infinitas
Que son pequeños mundos diminutos e individuales
Puertas disfrazadas de otra cosa
Minúsculas pero totales
Disfrazadas de otra cosa…
Tampoco mira al que está a su costado
En la calle, a su costado
El vacío de los autos
Los autos interminables
Todos indistintamente distintos
Diferenciadamente iguales
Insignificantes, pero fundamentales
Nadie mira, seguramente, a los ojos
Y los rostros ya no son más
Son carne y pómulos
Piel y hueso
Átomos en caos
La gente ya no mira
Y se pierde en el caos
Extinta la mirada
Se pierde en el caos.
IV

Siempre algún atardecer
escapa entre los agujeros
de edificios domingueros
audaz Montevideo

Siempre en algún rincón
alguien sigue el tarareo
de tus tangos chacareros
arrabal Montevideo

Sea tarde o tempranero
me acostumbro al traqueteo
de tus calles y rodeos
bagual Montevideo

En la altura de tus luces
ella brilla y yo me pierdo
de mis brazos majaderos
escapa Montevideo

Entre lutos y festejos
en la brisa del pampero
el frescor de un aguacero
que me das, Montevideo

Y sin más ahora te veo
sin abrigo ni consuelo
mi propósito maniqueo
mi austral Montevideo

Y me encuentro sin remedio
agonizo y después muero
con su brisa y su entrevero
despierta Montevideo

Tierra luz que aún espero
mi torrente, mundo entero
como arena entre los dedos
te me vas, Montevideo

Y ahora voy entre tus calles
escapando al desespero
siempre, siempre en mis deseos
mi fugaz Montevideo