No terminé de recorrer los pasillos de tus huellas dactilares en los pulgares más tiernos de las manos azules brillando de emoción que se derrite con olor a hojas de palmera en una playa lejos bien lejos de mis pelos enredados por girar tanto hacia atrás en la hamaca cuya circunferencia se volvió prirámide de nuestros proyectos de los que nunca conocimos el vértice, nunca conocimos la gloria sin mojarnos la cara con pesadillas sin salida segura a nuestra cama a la que le faltan muelas del juicio porque erramos en la limpieza que quedó llena de papelitos con mis dibujos de tus sonrisas con gusto a baytalcid neutralizando el ácido de mis palabras que no te supieron ver a los ojos color mar profundo al que me dio frío zambullirme y me quedé sin nadar hasta la otra punta de la isla que tenía tus secretos peor enterrados con una pala de plástico reciclado e inútil sin salida mas que mirar al cielo y esperar que el lucero que salió temprano me guíe de nuevo a casa donde no vas a estar pero espero tenga olor a tu calor, suave como la clara que herví en agua caliente por años sin mirar para adentro de la olla y evitando probar el gusto de la comida sin nutriente para mi alma en crecimiento multidireccional.

Y ahora te invito a visitarme cuando estoy dormida y me guíes en los aprendizajes que me pegan en la frente cuando las pecas de mi cara miran al sol y basta para liberarme de la fragilidad del futuro dónde mis ansiedades se transforman en puertas que puedo abrir y me voy caminando no por tus huellas pero por las flores que plantaste, crecieron y hoy colorean hasta la noche cuando falta tu luz.