He visto llorar paisanos por un caballo muerto tanto o más que lo que los he visto llorar por un muerto querido. He escuchado paisanos decir que confían más en el parejero que en su mujer, porque la mujer puede traicionar, pero el caballo jamás.

De AMAR a un  animal nadie le va a enseñar nada a ningún criollo. Y es que el caballo se hace querer, es junto con el facón la mano derecha del hombre de campo. Es un animal en general dócil, es más fácil que el potro se deje domar sin oponer gran resistencia cuando el domador es baqueano a que se largue a corcovear y rechace al jinete. Tan dócil y tan noble es que normalmente si el jinete cae es muy difícil que el animal lo pise, tiende siempre a esquivar e incluso es común que se detenga a unos pocos metros a esperar al jinete, o a lo sumo vuelva a la querencia. De que la patria se hizo a caballo ni siquiera voy a hablar.

La muerte accidental de un potro en la Criolla del Prado trae de vuelta el debate sobre las jineteadas, con posiciones muy radicalizadas y que lamentablemente hablan sin conocimiento de causa. Para empezar, algunos insisten en llamarle doma, cosa que es una muestra de absoluta ignorancia respecto a la jineteada y al mundo ecuestre. Luego, comparar las jineteadas con las corridas de toros es un sin sentido absoluto: en las corridas de toros hay un único final posible conocido por todos y por demás horrendo, en las jineteadas, si hay algo que NADIE quiere, es lamentar la muerte de un animal.

Los tropilleros, los dueños de los potros que entran al ruedo, invierten tiempo y dinero (y a muchos no les sobra, no son estancieros) en cuidar los caballos y llegar a la fiesta con los animales en óptimas condiciones, bien alimentados, bien de vasos (cascos) y de pelo. Lo único que quieren es que el caballo pase lo mejor posible y vuelva sano y salvo al campo. Éstos caballos son las raras excepciones que se han resistido a la doma, que es el adiestramiento que transforma al potro en un caballo “de andar”, es decir, no son aptos para la monta recreativa o el trabajo en el campo, ni hablar de deportes ecuestres. Sirven únicamente para la jineteada, ocupación que realizan no más de siete u ocho veces al año y que tal vez, probablemente, los salva del matadero o el abandono.

La muerte de un caballo en una jineteada es siempre un ACCIDENTE lamentable por supuesto, pero accidente al fin. De la misma manera puede morir un caballo desnucado en el alero de un galpón o sacrificado luego de una fractura que puede ocurrirle retozando en el campo. En las batallas socio-culturales cada uno combate en el frente que más le gusta, y mal de muchos consuelo de bobos, pero aunque ello no legitima las jineteadas se me ocurren MUCHOS usos del caballo donde es más factible y frecuente la muerte del animal, también accidental, pero insisto, mucho más posible; en el hipódromo se le exige a un animal que corra a toda velocidad para lo cual se lo azota incontables veces y se le suministran diversas sustancias que terminan afectando seriamente el organismo y el sistema nervioso del caballo, sumado al encierro que padecen puesto que van del box a la pista y de la pista al box; en el polo los caballos tienen una vida bastante similar aunque la posibilidad de cambiar de monta durante el partido puede alivianar el esfuerzo, aun así los partidos se juegan en pleno verano a mitad de la tarde, esto es, en el período exacto en que toda actividad deportiva cesa por obvias razones; en el raid largo (60, 80, 90 y 120 km) el caballo tiene una exigencia en resistencia y el equipo de apoyo puede asistir al animal a lo largo de la carrera, la cual está dividida en etapas con controles veterinarios y pudiendo el jinete retirar a su caballo si considera que no está apto para seguir en cualquier momento de la carrera, aun así las distancias son largas y a veces, cada vez menos por suerte, hay algún episodio lamentable.

La jineteada por su parte es tal vez el deporte ecuestre que menos exige al caballo después de la equitación. El caballo entra al ruedo unas pocas veces al año por unos pocos segundos, corcovea, cosa que hace naturalmente y casi sin esfuerzo, y vuelve al campo. Los tropilleros dicen que lo que más afecta al animal de toda la fiesta es el estrés del viaje, más que la propia jineteada.

Se dirá que el maltrato pasa por el uso de la espuela y el rebenque. El rebenque, en mi opinión, es un elemento prescindible, tal vez próximamente por reglamento pueda ser abolido. En la categoría basto oriental de hecho se jinetea con el poncho, lo cual no supone ningún castigo para el caballo que incitado por el movimiento del mismo bellaquea tanto o más que con el rebenque, el cual cuando se utiliza, debe cumplir con ciertas características en beneficio y cuidado del caballo como ser blando y de lonja lisa, esto es, no tener elementos punzantes.

Sin título

La espuela ha estado en el eje de la discusión últimamente. Hace muchos años ya había un jurado de espuela que controlaba las dimensiones de la misma y la rotación de la rodaja; la rodaja de la espuela debía girar libremente puesto que cuando no tiene movimiento puede cortar al caballo. Desde este año las espuelas son mochas, sin punta, y de goma. Al decir de los jinetes, esto supone un menor espectáculo porque los caballos corcovean menos; no estoy de acuerdo, no hace falta más que un toque del talón para que el caballo bellaquee, más cuando está acostumbrado a la espuela común. Dicha espuela no es permitida en ningún deporte ecuestre, habiendo sido sustituida hace años por los espuelines de empuje, que consisten en un pihuelo sin rodaja ni punta. Hay quienes dicen también que la espuela con rodaja si no está trabada gira y no lastima nunca, mientras la espuela sin rodaja golpea y machuca al animal aunque a simple vista no se aprecia. Lo cierto es que según los veterinarios del Prado las nuevas espuelas tienen muy contentos a los tropilleros, puesto que no hay caballos lastimados.

Dicen algunos que la jineteada es una salvajada, un espectáculo sangriento (?), realizado por unos cuántos ganaderos ricos para su entretenimiento. Sobre los calificativos creo que ya me expresé claramente. Sobre el poder adquisitivo de los participantes, basta decir que la mayoría de los jinetes son peones rurales y respecto a los dueños de los caballos, algunos no tienen ni campo propio donde tenerlos y arriendan o piden campo prestado.

Por último, y esto socialmente es una cosa curiosa de la jineteda y de todas las fiestas criollas, se encuentran en ella de igual a igual el que tiene una estancia enorme con el que llega a fin de mes con los últimos pesos, y esto no es demagogia y no lo he visto hasta hoy en otro evento cultural o deportivo, no creo necesario ejemplificar. En cualquier criolla todos comparten la mesa y el mate, en el prado hasta el alojamiento, con camaradería y respeto.

No voy a entrar en la disquisición de si es o no una tradición o un deporte. No voy a deslegitimar el reclamo de los defensores de animales ni a justificar la jineteada porque existan formas de maltrato tanto o más crueles. Pero sí voy a decir tajantemente que la jineteada no supone en general un daño para el caballo, nunca es esa su finalidad, y aunque a simple vista parezca un espectáculo violento, no es más que la exhibición de lo que ocurre cuando un hombre monta un potro bellaco como lo haría en campo abierto con un poco de difusión y organización. Demás está decir que cuanto más seguro e inofensivo sea para todos (hombres y animales), mejor, pero prohibir las jineteadas es ridículo e innecesario.