A modo de intro

La idea de este texto es referir a la ética en el desarrollo de la actividad artística en general, sin entrar en lo que es la moralidad de las obras o del artista como sujeto, como individuo inmerso en una sociedad. No se trata de juzgar moralmente obras ni creadores como tales, sino una especie de ética profesional del artista, es decir, vinculada en especial al aspecto económico.

Ah, la entrada parece más larga de lo que realmente es pero, sin ánimo de subestimar al lector, y en vista de estos tiempos que corren porque son cagones y no se la bancan sin fierro, como diría Capusotto, me tomé el atrevimiento de usar negritas. Perdón.

¿De qué estamos hablando?

La cuestión es compleja desde el primer momento ya que lo que entendemos por “Arte” ha variado con el tiempo y al día de hoy decir qué es y qué no es, es todo un problema. Cabe hablar de Arte frente a una acuarela, una obra de teatro, un LP o una película ¿cualquier película? ¿y una composición musical para un aviso publicitario? ¿cánticos religiosos o futbolísticos? ¿Un jarrón? ¿Una lámpara? ¿Si se trata de un cuadro producido en serie y comprado en un supermercado también es una obra de arte? Me parece que algunos casos a nadie le plantean dudas en cuanto a su inclusión o no dentro del concepto, pero otros quedan en una zona gris. Hay quienes han optado por una definición subjetiva, trasladando la pregunta del qué al quién: es Arte lo que hace el artista… Y es artista el que hace Arte. Es fácil darse cuenta que por este camino no llegamos muy lejos.

Algunas definiciones apuntan a oponer lo artístico (que debe buscar la belleza), a lo útil[1] (idea ésta sobre la que volveremos más adelante). Es arte toda creación que pretenda ser bella, pero  ¿qué es lo Bello entonces?; para Wittgestein es lo que produce felicidad, entendiendo por tal no precisamente un estado de ánimo alegre sino una “conmoción del espíritu” en quien contempla la obra pero más aún en quien la crea[2]. Aparece un componente teleológico, el Arte tiene por finalidad ser Bello. ¿Sólo esa? Buena pregunta[3], podríamos decir que debe además contener “un mensaje”, una idea política, o trasmitir un sentimiento, pretender lograr algo más que una conmoción del espíritu o un sentimiento de satisfacción, pretender un cambio de opinión, una toma de conciencia, en fin, causar “algo” en el receptor, en el público. Todo esto podría formar parte de la definición, pero corremos el riesgo de no llamar arte injustamente a las obras que persigan alguna finalidad diferente a las previstas simplemente por habernos quedado cortos. En todo caso, descubrir ese “algo” corresponde al público, al observador, por lo que algunos dirán que la obra de Arte es la interpretación de la misma[4] (una forma de definición subjetiva que se traslada no al artista sino al resto de los sujetos, ésta nos parece una de las mejores definiciones). Casiodoro destacó en el arte su aspecto productivo, conforme a reglas, señalando tres objetivos principales del arte: enseñar (doceat), conmover (moveat) y complacer (delectet)[5].

Vistas las complejidades del asunto, consideramos que una buena definición lo suficientemente abarcativa y a la vez excluyente es la de Władysław Tatarkiewicz; “El arte es una actividad humana consciente capaz de reproducir cosas, construir formas, o expresar una experiencia, si el producto de esta reproducción, construcción, o expresión puede deleitar, emocionar o producir un choque.”[6] A este concepto le sumamos una idea que nos parece fundamental; el Arte, la obra mejor dicho, debe ser original. Debe estar dotada de cierta unicidad. No puede tratarse de una producción en serie. Esto no quiere decir que no pueda haber una producción masiva de discos o libros, sino que lo sustancial de ellos -las canciones, los textos-, deben haber sido creados o interpretados sin imitar otra obra; entra aquí el debate sobre si la interpretación de una obra es una obra de arte en sí misma y creo que en tanto se presente la característica de la originalidad y no se trate de una copia fiel del original, ello es así. Pueden sí seguirse en mayor o menor medida ciertas reglas de estilo; si hago un soneto voy a aplicar cierta forma, si compongo un blues voy a utilizar cierta escala y/o cierta progresión de acordes. Y también podría agregarse alguna consideración sobre la finalidad; podría decirse que no la tiene.

El Arte es tal de por sí, en todo caso su finalidad es aquello mismo en lo que consiste; expresar, reproducir o construir por el solo hecho de hacerlo, sin pretender enseñar, ser útil, lindo, conmovedor, lucrativo, etc., aunque pueda eventualmente serlo y en todo caso la idea de Belleza sería la única importante, entendida como impacto positivo en el público; agradar.

Detengámonos un segundo sobre esa idea de Belleza que aparece opuesta a la utilidad y vinculémosla a la cuestión económica del arte, el valor de la obra y/o el cachet del artista. Para quienes van por aquel caminito de definir Arte como lo que hace el artista y al artista como el que hace Arte la cosa es igual o más compleja que para el resto a la hora de determinar qué le da valor, quién le pone precio a una obra de arte; ¿qué valor tiene en sí misma una obra? ¿los materiales? ¿el nombre del autor? ¿la originalidad o unicidad? ¿el valor viene de la demanda del público?. No hace falta referir a las subastas de arte donde la demanda no es grande en cantidad pero la puja es alta, y dicen las malas lenguas que esos mercados son verdaderas lavanderías donde un par de lienzos pueden blanquear millones[7].

¿Qué le da valor a una cosa inútil, aunque sea bella?

Dice Oscar Wilde que el arte es inútil, y un tiempo antes decía Kant en la Crítica del Juicio que el arte como juego (“el arte por el arte” de Gautier y los esteticistas, opuestos al utilitarismo) se opone al arte como oficio; el primero es liberal, el segundo es mercenario[8]. Ahí está la diferencia entre lo bello y lo útil, entre el Artista y el artesano. Podría decirse que todo lo artístico es útil (sirve como objeto de admiración) mas no todo lo útil es artístico. No dudo en afirmar que de todas las cosas inútiles, seguramente el Arte sea una de las más necesarias. Como decía Schopenhauer “el arte es una vía para escapar del estado de infelicidad propio del hombre”[9].

Arte sin código de barras

Y luego de este desvarío sobre la definición de Arte y estas preguntas introductorias vamos al carozo del asunto: el lado económico. En ello juega un papel importante el torpe berretín de los “artistas” (nótese que uso comillas y minúscula) de querer vivir de su arte, puesto que lo entienden como un trabajo, como dice Kant. El arte no es ya una actividad agradable que se hace por placer sino una actividad a veces desagradable que se hace por la expectativa de ganancia[10]. Y así como se diferencia al Artista del artesano puede diferenciarse la obra del producto, y seguir así con las diferencias consecuenciales que entraña la distinción originaria entre el Arte, que se realiza por placer y sin motivo alguno y el trabajo, que se realiza por necesidad y/o para enriquecerse. La actitud a mi entender más ética respecto al arte, siguiendo algo que una vez dijo Renzo Teflón, es más que vivir del arte dejar que el arte viva de nosotros.

Esa cuestión del casi eterno drama del artista que llora porque no puede vivir de lo que hace va enraizada también a una especie de síndrome que a veces adquirimos inconscientemente al emprender alguna actividad artística: uno empieza por valorizar lo que hace, por hacer valer lo suyo, y un día se da cuenta de que lo está vendiendo, de que ya no se ocupa de crear sino de minimizar pérdidas y maximizar ganancias. El arte no debería tener código de barras. La obra una vez creada pertenece casi tanto al autor como al público ¿o acaso uno no se adueña en cierta forma de las canciones con las que se identifica? Hay en esto una cuestión de moral, de humanismo y de conciencia social si se quiere; el Arte es una necesidad así como un lujo, todos tenemos la necesidad de expresarnos, de comunicar, todos alguna vez intentamos escribir algo solo por el placer de hacerlo, dibujar algo, agarrar una guitarra y hacerla sonar por el solo hecho de ver qué sale. Y todos deberíamos poder darnos el lujo de contemplar esas “cosas inútiles” que maravillan a cualquiera, todos somos dignos de escuchar una canción, leer una novela, contemplar una interpretación escénica. Nada de eso debería ser un lujo ni una exclusividad de quien pueda/quiera pagarlo, puesto que eso sería condenar el Arte al elitismo y además privar a otros de una de las cosas más humanas y más naturales en función de su poder adquisitivo; casi que desde que el mundo es mundo el hombre se expresa mediante el arte y disfruta de las expresiones artísticas, hay ejemplos de ello en toda cultura (cultura, vaya palabra vinculada al arte) sin importar su grado de desarrollo, ¡al punto que podríamos decir que allí donde no hay arte no hay cultura ni tampoco humanidad!.

¿Está mal entonces que el artista pretenda vivir de su arte? En cierta medida sí. Una cosa es cuando la obra que el artista realiza gusta al público, y sea por la imposibilidad de ofrecerla al público desinteresadamente (porque la demanda es mucha y la obra es una) o por la necesidad de ofrecerla en determinadas condiciones (se requiere infraestructura y personal técnico por ejemplo), se vuelve inevitable cobrar. En esto no hay nada de malo.

Lo “malo” aparece cuando el artista empieza a hacer aquello que paga, lo que el público quiere, cuando deja de guiarse por su propio instinto y empieza a guiarse por estudios de mercado, y hay en esto una actitud sumamente inmoral (aquí está lo malo sin comillas) cuando quien realiza esta actividad puramente comercial se enmascara detrás del noble título de Artista. Una cosa es vender, otra cosa es venderse. El fin del artista no debería ser lucrar con su obra, sino simplemente crear.

Lo ético en todo caso es la ausencia del doble discurso, y esto es válido en todos los órdenes de la vida; la correcta alineación en los ejes del pensar-decir-hacer. De esta manera es auténticamente artista quien desinteresadamente realiza su arte, así como no hay nada de anti-ético ni inmoral (ni de artístico, prácticamente) en aquel que por ejemplo tiene “oficio de cantor”, y realiza su trabajo, su canto, como medio de vida; lo produce, lo elabora y lo ejecuta, cobrando por ello o no según lo entienda correcto, sin patalear con posturas anti-mercado o acusar al público de no valorar su obra (esto sería como un panadero que desprecia a los clientes porque no les gusta que use portland en lugar de harina) cuando solo persigue el lucro y más que la necesidad de expresarse o intentar crear algo Bello solo busca la aprobación del consumidor y en todo caso su dinero. Recuerdo haber escuchado una entrevista a Alfredo Zitarrosa[11] en la que hablaba en este sentido, respecto a la ideología del artista y la necesidad de que ésta primero que nada exista, y luego, sea coherente con lo que hace. Cuando existe tal coherencia, según este genio, hay allí un auténtico artista que tiene un colega en cualquier otro artista auténtico.

Vinculado a esto también hay una cuestión de ética que tiene que ver con la “independencia”, tan mentada en el mundo de la música. Producir un disco sale caro, lo mismo puede decirse de editar un libro o producir una película. Existe el mito o el temor de que vincularse a un sello (siguiendo el ejemplo de la música) implique perder libertad. Al empezar a acatar órdenes de un tipo de traje que dice que tal o cual cosa pega y suena en la radio, y ello implica venderse, dejar de ser -a mi entender y el de buena parte de los músicos- un artista, pasando a ser un empleado más de la compañía. Ya hemos hablado de la moralidad en ese sentido, nada es inmoral si no hay doble discurso. Pero quiero ocuparme de algo que es un obstáculo a la idea del arte por el arte, realizado desinteresadamente y sin ánimo de lucro: el financiamiento de la actividad.

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Se me dirá que si en principio el artista no debería cobrar por su arte y no debería pretender deliberadamente vivir de ella, el arte sería patrimonio de quien tenga los medios económicos para realizarlo. ¿Cómo podría subsistir el artista, cómo podría realizar sus obras? La respuesta más contundente y simple salta a la vista; como cualquier simple mortal, trabajando. Charly García, en una entrevista con Lanata en la que éste le preguntó ¿qué es el arte? respondió, “cagarse de frío”[12]. El artista auténtico está dispuesto a sacrificarse por su arte, por el Arte, está dispuesto a jugarse la ropa por ella porque en ello le va la vida[13]. No ve ningún perjuicio en privarse de lujos para adquirir una cámara, un piano o un bloque de mármol y no persigue con su inversión más ganancia que la satisfacción de haber creado algo único, algo que manifiesta lo que quiere comunicar, algo que a él le parece agradable, y si ello gusta a los demás, pues mejor.

Más allá de la autogestión y la independencia, tampoco hay nada de malo en vincularse a una discográfica o una productora en tanto ello no implique dejar de hacer lo que uno quiere para hacer lo que el mercado quiere. Uno seguirá siendo Artista si sigue manteniendo control sobre la obra, si sigue haciendo lo que quiere hacer mientras la disquera (o lo que sea) simplemente lo financia, ayuda a materializar el proyecto y lo difunde.

Por supuesto que esta actividad no es desinteresada y la empresa querrá ver compensada su inversión, o pagado su servicio, tampoco hay en principio nada de malo en ello en tanto no haya usura. Insisto en la idea de que una cosa es vender y otra cosa es venderse; la empresa obviamente se va interesar en invertir en aquello que la gente quiere consumir, en lo que vende, pero que la obra venda no quiere decir que el artista se haya vendido.

Quiero mencionar un ejemplo de arte que es particularmente auténtico y desinteresado; el grafiti. Me refiero en especial al vinculado al hip-hop en sus vertientes menos “vandálicas”, más aún a los estilos wildestyle y realismo. Estos artistas suelen autofinanciarse. En algunos países donde hay todo un mercado alrededor (marcas de pintura, tiendas especializadas), la intervención se limita al sponsoreo: el artista obtiene insumos y hace lo suyo promocionando la marca de forma casi que colateral (algo similar ocurre con muchos músicos y marcas o tiendas de instrumentos). Las obras se exponen en la vía pública, cualquiera puede apreciarlas. El grafitero normalmente no cobra por pintar, salvo que sea a pedido, y en todo caso eso queda librado a su criterio. El único objetivo es ejercitar la capacidad creativa, pintar lo que se quiera pintar, dejar que cualquiera que pase por allí vea la obra y la juzgue según su gusto sin exigir nada a cambio.

Por último y casi a modo de conclusión quiero referir al “bastardeamiento” del término Artista. Aparentemente lo es cualquier músico, caricaturista, pintor, escultor, vendedor de pulseras supuestamente artesanales, un humorista, un diseñador de lo que sea, mago, joyero, etc., sin desmerecer a nadie. Casi cualquiera puede ser llamado artista al punto tal que algunos (generalmente los más auténticos y los más honestos de quienes no lo son realmente o no se consideran tales) se muestran reticentes a ser incluidos en una bolsa tan grande rodeado de ejemplares tan diversos. Sin embargo, así como no cualquier cosa es Arte, no cualquiera es Artista. Si el Arte es una actividad humana que se realiza por placer, por el simple y único hecho de expresarse y crear algo conmovedor desinteresadamente, solo quien así obre debería ser llamado Artista.

REFERENCIAS

[1] “Utilidad idea hostil a la belleza”, dice Baudelaire en el Prólogo a las Narraciones Completas de E.A. Poe, Pág. 53, Aguilar, Madrid, 1962. También se ha contrapuesto la idea del Arte como búsqueda de la Belleza a la idea del Arte como reflejo de la realidad, hay algo de dicotomía entre impresionismo y expresionismo en ese contraste, en todo caso nos parece que esta finalidad de la actividad artística es demasiado acotada para una definición, por eso no nos ocuparemos de ella más que en esta cita diciendo que el Arte no debe reflejar la realidad, y en caso de ser así puede permitirse deformar la imagen a su libre antojo. Si el arte ES un reflejo de la realidad, es cuestión de interpretación, lo cual nos lleva a un problema mayor que ilustraremos con preguntas: ¿es un reflejo meramente o pretende modificar lo reflejado? ¿la realidad puede imitar (por no decir reflejar) el Arte? ¿puede haber obras o formas artísticas que no reflejen la realidad? ¿se permite una deformación en ese reflejo o todo Arte debe ser realista?.
[2] http://www.filosoficas.unam.mx/~tomasini/ENSAYOS/Hume.pdf
[3] #autobombo
[4] “La obra vive solo en las interpretaciones que de ella se hacen.” La definición del arte, Umberto Eco, Martínez Roca, Barcelona, 1970. Pág. 33.
[5]https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_arte (menuda fuente, convengamos que no son los dueños de la verdad pero bueno, la tienen alquilada).
[6] Ídem.
[7] La gente es mala y comenta.
[8] “El arte se distingue también del oficio, el primero se llama liberal, el segundo puede llamarse mercenario. No se considera el arte más que como un juego, es decir, una ocupación agradable por sí misma, y no se le atribuye otro fin; mas el oficio se mira como un trabajo…” http://www.biblioteca.org.ar/libros/89687.pdf (Pág. 96). Ya que estamos, agregamos que Kant también es partidario de no atribuirle finalidades al Arte, al menos no más que producir un “goce en el espíritu”.
[9] https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_arte
[10] Kant, op. cit. Pág. 96.
[11] Grabación de una entrevista para “El cronista comercial de Buenos Aires” en abril de 1976, sacada vaya uno a saber de dónde, pero disponible.
[12] https://www.youtube.com/watch?v=eg_EPoL6ZWI&ab_channel=JuanAntonio
[13] Ejemplos de genios del arte que terminaron en la miseria o casi por seguir este dogma, abundan.