Tengo arena en todas las cosas. En los bolsillos de pantalones y adentro de los zapatos. Arena pegada, de playas que ya están vacías.

Montevideo se me pega como la arena a todas las cosas. Se me enrieda en el pelo. Y siento las cerdas del peine cuando me roza la oreja, mientras pasa, mientras lloro.

Y estoy en el cuarto mas ínfimo, donde la luz me pega a las 6 de la mañana. Estoy tan encerrada, tan al borde, mientras paso el peine para sacarme todo, para ver que queda.

Nunca pensé que caminaríamos tanto.

Pero ya no puedo ir por donde van todas las enredaderas, los callejones que terminan en Santa Ritas. Ya no puedo caminar por los ríos de Santa Ritas, están secos.

Y veo caer el pelo en la ducha. Veo con horror como queda en mis manos. Suelto, cayendo con la lentitud de los días.

Y yo sudo también de ir a todas partes. Por calles paralelas.

Se me escapan todos los hilos, todas las hebras.

 

Dibujo: “Calle: Rizal” por Sofía Teperino