Nostalgia de una ciudad que ya no existe. De una Montevideo que no es, que es, tal vez, París alguna vez. Una ciudad en blanco y negro. Nostalgia de la decadencia, idealizada, romantizada. Nostalgia del humo inundando cada bar, humo que nunca pude fumar, el vaso de whisky en cada mano, los ojos rojos, acuosos, cristalinos. Nostalgia de las caras que miran la vereda, el paso apurado y a la vez cansado. Nostalgia de pasearte y saberme tranquilo entre tus edificios art decó. De tus ruidos de motores pesados, de canillitas, de vendedores ambulantes, de tango en las plazas. De las hojas en los bancos de esas mismas plazas, caducas como los viejos de boina que pueden pasar ahí la tarde entera. ¿A dónde van después? Te imagino en un invierno helado y tan gris como el pavimento, viejo, emparchado de tus calles. No sé porqué, pero en mi cabeza son todos viejos. Todo es viejo. Viejos de sobretodo azul o gris o beige. Viejos con sombrero mientras yo me imagino sentado mirando cómo la ciudad y los viejos fluyen a un ritmo lento y el vapor del frío sale de mi boca como si fuera ese cigarro que nunca fumé. El tiempo es infinito. Esas tardes no terminan nunca. ¿A dónde van las ciudades que ya no existen? ¿Y dónde están las que nunca existieron?

Texto: Joaquín Di Lorenzi

Dibujo: Chinasky (Fobia)