Algo de eso iba a pasar. Me conozco. Me conozco enorme rebotando en la boca de los demás, me conozco siendo el peor tipo, el más inmundo, me conozco repitiendo historias como gusanos largos que se enredan en mis faringes y me cortan las gotas de saliva como láminas de cristal.

Algo de esto iba a pasar, repitiendo arenilla en el fondo de la garganta, arrastrando los pies por el patio de Facultad de Arquitectura, y el espejo, el espejo se vio tan violento y mi cara tan roja, y dije

no

otra vez no

porque algo de esto eso iba a pasar, y fumé del porro que me pasaban, y miré las caras de desconocidos que hablaban como si supieran cuál era mi nombre, como si supieran cómo tenía el pelo cuando estaba en quinto de liceo, y bajó el vino rosado tinto dulce como piedras por mi esternón de niña, y dije, y sí, algo de eso iba a pasar, y ellos asintieron la cabeza, que lindo que hablás flaquita, qué lindas ideas que tenés, qué linda forma de ver el mundo, y yo sonreí y vi bajar por su cara langostas y bichos multicolores que le desgarraban los cachetes como carne podrida, sí, la verdad sí, siempre me gustaron los colores brillantes; porque algo así tenía que pasar, yo diciendo está internado y llorando en su hombro y él que se recupera y sale y muere en el medio de la calle, por qué dejar de mentir ahora que el tiempo voló y ya me come la artritis y ya me salen las primeras canas y tengo la marca de la angustia partiéndome las cejas y mi abuela dijo, flaca, qué ambiciosa que sos mientras yo me clavaba el segundo plato de guiso. Y

enterré

los dedos

en la tierra,

enterré los dedos y enterré el brazo,

me quedé trancada estancada quieta triste arrepentida

sola.

Dibjuo: “Un año torpe” de Sofía Teperino