El cansancio me satura, me envenena.
La sangre que desborda
rebosante en el ojo inquieto.
Inquieto pero cansado.
Cansado, pero con rabia.
Con rabia, pero rendido, rencoroso y lleno de voces. Voces del ego.
Del ego uno consume y se consume. Se vuelve inmune al acto de gracia, al pasar, a la vida disfrutable.
Todo imperdonable y todo resbala. Resbala, pero importa y no lo suelto, no hay afecto pero me prendo.
El ego es orgullo, el pedregullo me lo aplasta y me paro en el podio pisando con fuerza y levantando baldosas como si esas cosas que me amargan se fueran a borrar.

Ni en chiste. La mala sangre en soledad no se va. En sociedad diluís, un pasamanos de caca.
Será que estoy cansado. Andá a dormir.

Escrito a partir del dibujo “Un capítulo más…” de Hernán Mengod