Desde mi ventana se ve, aunque yo no lo mire.

El revuelo rutinario no me permite apreciar las pequeñas cosas, lo más simple. Mis ojos ven pero no pienso y me pierdo, me pierdo en el día a día de lo más lindo de las cosas.

¿Qué además de vida, tienen en común un árbol y una persona?

No se, no soy árbol, aunque algunas veces me gustaría serlo. Hay algo muy sencillo que envidio abiertamente de esos seres que en invierno mantienen sus hojas verdes como en el verano.

Perenne… que profundo, que inmensa definición que siempre se me escapa. A mi me enseñaron que el árbol perenne es aquel que en otoño no reseca sus hojas, aquel que a pesar de la estación del año, no adorna la ciudad ni el campo con sus ramas desnudas. Nunca deja al descubierto su lado triste y no transmite lo que no quiere.

Perenne, que a pesar del intenso cambio de temperatura, de las mañanas heladas y las largas lluvias, que no riegan sino inundan, de un momento al otro, todo lo que aparenta darle vida.

Ayer discutimos, peleamos, no fui el hijo, el hermano, ni el novio que debería haber sido. Un traspié, un error, que permite preguntarnos si realmente estamos donde queremos. ¿Qué sucede realmente?

Las relaciones de dos o más, se tratan justamente de eso. Tu definición no está dada por lo que pasa en un día de tu vida. Sos más, mucho más. Cuando de relaciones se trata aún mayor es la diferencia.

A pesar de los cambios somos pareja, pasan un sinfín de cosas nuestras que nos hacen preguntarnos mil veces cúal es nuestro propósito. Problemas propios o ajenos que nos tensan y raspan. Creemos que una tormenta nos azota con toda su fuerza cuando no entendemos al otro, y nos cuesta pausas intensas el poder hacernos cargo de nuestros errores.

Fijate vos, sin embargo seguimos juntos. Nos adaptamos y aceptamos los cambios trabajando siempre en equipo.

Dicen también, que una relación de más de dos es por ejemplo tu familia. Donde un dicho antiguo dice que el amor de madre y padre nunca se acaba, que los hermanos son unidos y que al final de cuentas lo más importante es la familia.

Ayer mi hermano se fue del país, el abuelo se nos va, en un par de meses nace mi sobrino. De nuevo la circunstancia nos pega y poco a poco desgasta. Pero la distancia sea cuantificable o no, no nos separa realmente y no inhibe lo que sentimos. No hay tormenta que no pase, no hay frío ni “te extraño” que corrompa del todo nuestra razón.

Una definición un poco más técnica: perenne es el árbol al que no se le caen sus hojas de un momento al otro, renueva sí sus hojas, pero de una en una, de a poco. Que vive lo suficiente como para producir semillas más de una vez en su vida. Si, no soy botánico y esto es wiki algo, pero al final…

Yo quiero que nuestra relación se trate de eso, mi familia también. Que nunca el frío me corrompa lo suficiente para desnudarme de mis hojas. No quedar a la deriva ante las fuertes tormentas, ni que el agua que me da vida termine por hacerme dejar de respirar. Quiero que si una hoja se cae, tener la certeza de que algo nuevo viene. Algo que me abrigue.  

Ante todas las cosas quiero que mi amor sea perenne.

Texto creado a partir de “Lo que veo en estos días” – Scatival