Voy a escribir acerca de nosotros. Los que siempre somos hablados. Voy a contarles que del fondo están surgiendo voces. Y a quienes han hablado de nosotros no les interesa escucharlas. Y a los que dentro de un tiempo les interesará escuchar lo que tenemos para decir ahora no les importa, no saben qué, no saben dónde. Porque poca es la voz que tenemos, pero nos estamos armando.

En los últimos años, los colores con que nos han pintado van del asombro de “Generación Millennials”  (término que nos llegó 20 o 30 años más tarde), hasta la vagancia, la pérdida de valores, y otras cosas cuyo nombre no me interesa acordarme. Me interesa saber que estos pintores que nos pintan se han salpicado con su propia paleta. Hay que agarrar esas latas de pintura que usan y hacer fondo blanco. De esta forma, lo que entra por la boca sale por el culo; y ahí sí, empecemos con los dedos a rascar la pared.

El dibujo de @6uzmen ilustra lo que quiero decir: son los dedos los que hacen las cosas que importan: los que pueden abrirse paso, los que cuando se juntan pueden golpear con fuerza. Con el mismo dedo que acaricio tu cara desbloqueo el celular y reviso tus fotos, tus cosas. El mismo dedo que te señala. Ese que nos siguen metiendo abajo.

Usemos entonces los dedos: golpeen los teclados y las pantallas; seremos nosotros o no seremos. Y algunos ya se aprontan para tomar el espacio que han dejado los de anteayer. No digo que corten la cuerda, digo que antes de escalarla al menos la usen para sacarse los restos de comida de entre los dientes. Y ahí sí.

Quizas convenga hacer algo de nuestra historia. Miren el dibujo otro poco. Entre el cable HDMI y la última hoja del otoño quedó un bache, unas vacaciones; en ese agujero de la currícula crecimos y nos nutrimos desde niños. Entre todo esto queda algo que es nuestro y es único. Queda el corazón corrupto de nuestras mañanas. Y cada vez los ojos nos arden menos. De cualquier manera, aún no hemos roto del todo las ligaduras. Nuestras manos lo siguen intentando. Si mantenemos los dedos así, cuando el nervio viejo se dilate finalmente tendremos un lugar por donde salir. Los titanes, hijos de Urano, dios del cielo, estaban apresados en el vientre de Gea, la tierra, porque su padre no permitía que salieran; la tierra entonces pergeñó una malvada artimaña contra él. Esto es lo que me interesa que pase, que salgamos.

“Vino el poderoso Urano trayendo la noche y deseoso de amor se echó sobre Gea y se extendió por todas las partes. Su hijo desde la emboscada lo alcanzó con la mano izquierda, a la vez que con la derecha tomó la monstruosa hoz, larga, de agudos dientes, y a toda prisa segó los genitales de su padre y los arrojó hacia atrás” (Hesíodo, Teogonía. versos 176-181)

 

Franco Scopelli

 

Texto escrito en base a una imagen de @6uzmen (Instagram)