1.

Francisco no estaba en su casa cuando su padre manejó hasta ahí, estacionó en la entrada y se pegó un tiro en la cabeza. Lo encontró la hermana, que sí estaba. Espero que él nunca haya visto el cadáver.

2.

Cuando yo lo conocí todo esto no había pasado, pero sus padres ya se habían separado. Nunca fue muy normal que digamos. Lo conocí en el liceo, tendríamos 14 años y él daba miedo. Era enorme y altísimo, por lo menos tres veces más grande que yo. Al principio nadie se le acercaba, pero poco a poco lo fui conociendo y me di cuenta de que teníamos gustos musicales en común. Además, él tocaba la batería y yo la guitarra.

Pero era violento. La separación lo había afectado mucho. Con el mínimo problema se ponía irascible e irracional. Conmigo nunca. Todo lo contrario, a medida que nos íbamos haciendo amigos él me defendía. Recuerdo que una vez levantó a un compañero del pescuezo por hacerse el vivo conmigo. Era como mi guardaespaldas. Yo sabía que nunca me iba a hacer nada a mí, pero igual le tenía miedo.

3.

Decidimos hacer una banda juntos y al principio nos dedicamos a hacer covers de bandas de rock clásico. Gracias a él conocí AC/DC. Nos juntábamos en su casa y tocábamos durante toda la tarde. Yo era un pésimo guitarrista, pero él, para su edad, era un buen músico.

4.

Después de lo del padre nos empezamos a distanciar. En realidad, yo me fui alejando. No tenía más que 15 años y quería alejarme de toda esa situación tóxica: una madre psicótica, un padre muerto, un hijo violento. No supe cómo manejar la situación. Además, yo era su único amigo. Francisco me llamaba todos los días, quería verme todos los días. Recuerdo una vez que tenía 16 llamadas perdidas de él en menos de una hora. Quería alejarme de toda esa locura. Pero él me necesitaba y yo cada vez lo dejé más solo, en el peor momento.

5.

En el funeral del padre no había nadie. Estaba su madre, que parecía ignorar la situación, como si no hubiera pasado nada, y alguna abuela. Yo ya había estado en funerales, pero todos habían sido de familiares míos, nunca ajenos, y menos del padre de un amigo. No sabía qué decirle. Él me agradeció por haber ido. No lloraba. Estuve media hora y después me fui.

6.

Poco después me fui de la banda, habíamos sumado a un bajista y a otro guitarrista, por lo que él pudo seguir tocando y no tuve que dar mayores explicaciones. De a poco, fui rompiendo todo vínculo con él. Me sentía culpable de no acompañarlo, de no poder estar con él en ese momento. Pero no supe cómo ayudarlo.

7.

Hace unos años, cuando ya nos habíamos distanciado, lo encontré por casualidad en una esquina. Tenía el pelo largo por los hombros, piercings en la cara y se vestía todo de negro: campera de cuero, pantalón por adentro de unas botas altísimas, cadenas colgando. Le pregunté cómo andaba y dijo que bien. Me mostró el tatuaje que se había hecho en el antebrazo en letras negras y gruesísimas con el nombre de la banda: Pezones. Dijo que la buscara en Youtube. Pero no lo hice, nunca me había gustado el metal.

 

Joaquín