La unidad como estrategia política.
 “La unidad es un clima, la unidad es el respeto por la disidencia, la unidad es el afán permanente de entendimiento aún cuando cueste y a veces cuesta mucho, ceder en algunas posiciones con tal de lograr el consenso indispensable, porque si no el país no camina”.
Esto decía en la Explanada Municipal un efusivo Wilson Ferreira Aldunate, en aquel recordado acto que el líder del Partido Nacional encabezó en noviembre de 1984.
Los tiempos cambiaron, pero ese discurso tiene que mantenerse. Parece que estamos alejados de ese Uruguay en el que se respeta, se tolera, se escucha y aprende.
Vivimos en la época de las comisiones investigadoras. Las acusaciones de un lado y el otro, el criticar sin proponer y prejuzgar sin escuchar.
Es más fácil destruir que construir. Es un tema que afecta al gobierno y a la oposición. El orgullo, el afán por querer mostrar el defecto y no buscar una solución en conjunto.
Durante las campañas electorales circulan promesas, ideas, proyectos ambiciosos. Poco se habla de ellos los otros cuatro años, más bien se busca la crítica como motor a la hora de actuar.
Es difícil exigir mejoras en la educación, salud o seguridad si no hay un consenso que vaya más allá de ideologías o creencias políticas.
La política uruguaya se está pareciendo cada vez más a la argentina. Casos de corrupción, denuncias, agresiones, y lo más preocupante, la futbolización de los partidos políticos.
“Facho”, “bolche”, “tupa”, “ladrón”, “asesino”. Estas ofensas son similares a las que podemos escuchar en un partido de fútbol el fin de semana. Cambiamos las primeras tres por “gallina”, “amargo” y “cagón” y nos damos cuenta que estamos más cerca de lo que creemos.
Defender lo indefendible, cuestionar lo incuestionable, ponerse la camiseta y sesgar la realidad, a todos nos pasa cuando hablamos de una jugada puntual y vamos a morir a favor de nuestro equipo. Cuando esto se traslada al terreno político tenemos un problema. La política no tiene que ser pasional e irracional. Uno puede ejercerla con voluntad y pasión, pero los representantes además de ser la voz de sus militantes tienen que ser ejemplo para todos.
En lugar de “tribunear”, que ese papel le queda mejor a algunos jugadores, dirigentes o entrenadores, los políticos tienen que tender puentes, construir ideas y actuar en conjunto.
Es momento de dejar de lado los ataques. Siempre es necesario el periodismo de investigación para rendir cuentas a los “poderosos”, como dice el escritor argentino Martín Caparros. Pero no tenemos que estancarnos en algunos temas para hacer campaña política o usar la crítica como única vía de comunicación.
Busquemos un cambio en la forma de hacer política. Exijamos respuestas a los representantes, pero también reclamemos proyectos a largo plazo, planes a futuro y políticas que tengan como interés el bienestar de la sociedad, no sólo ahora, sino de cara al futuro.
La gente está cansada de la campaña electoral, los políticos lo saben. ¿No será tiempo de cambiar la estrategia? ¿Y si se trabaja en conjunto?
Intentemos antes de que sea tarde… porque sino el país no camina.
Santiago Magni