Bondi línea 62, en altura de 18 de julio y Andes,  alrededor de las 7:48 pm: – porque las horas redondas no son uruguayas-

En anticipo al fin de jornada, el vehículo va casi repleto.

Al frente, hay dos señoras entablando una conversación – la cual  por ¾ del recorrido se asimila más a un monologo – sobre sus alumnos y el miedo que poseen por los adultos del mañana.

Hablando de matrimonio, irrumpe una de ellas, a quien llamé Beti, ¡no te conté! dice con un tono emocionado y gesticulaciones de sobra. Festejé las bodas de plata con Roberto.

Aguarda las felicitaciones y continúa.

Todo muy lindo…Bueno, lástima el salón, la verdad.

Fue por La comercial, ¿ubicas?

Un barrio bastante feo.

Nos cancelaron uno divino, allá por Punta Gorda, a último momento y fue lo que conseguimos.

El ómnibus se detiene.

¿Qué está pasando? Demanda Beti, mientras hace un ademán para ver por la ventana.

Una de esas “alertas feministas”, responde su compañera de asiento. Me había avisado mi hija hoy de mañana, ahora que pienso. Me olvidé completamente.

Ay no te puedo creer, dice Beti. ¿Justo hoy, que tengo el auto en el taller, se les ocurre hacer esta cosa? Suspira. Hoy la cena se le va a atrasar.

Para. No me digas que tu hija participa en esto, continúa, indignada.

Su amiga inmutada se encoge de hombros.

Entre Buenos Aires, con aquella vez que pintarrajearon la iglesia divina esa que está enfrente a la Casa Rosada y lo que está pasando acá, cada vez quedo más sorprendida, agrega Beti.

¿Por qué recurrir a tales vulgares intentos de llamar la atención?

Una dama tiene que ser recta, comportarse como tal. Ser un buen ejemplo para sus futuros hijos, ¿viste?

Todo bárbaro con los cartelitos, el violeta y las marchas tranquilas, pero eso de cortar las calles y desnudarse…ahí ya no.

Hay criaturas presentes, dice con espanto. ¿Cómo van a exponerse así?

Claro, después se quejan de que no son tratadas en serio y demandan que no les griten cosas por la calle.

 

Al igual que Beti, hay muchas mentes que aseguran que se puede y debe, vencer al fuego con una pistolita de agua. Que las marchas de mujeres de negro y protestas de Ni Una Menos son inmaduras. Porque “rompen las reglas”. Porque paran el tráfico. Porque pintan veredas. Porque en ellas, las mujeres se desnudan en la calle y eso es “atentado al pudor”.

 

Los muchachos igual transitan así por todo rincón uruguayo y nadie dice nada, pero para ellos nunca será lo mismo. Las Betis dicen que no quieren ver un par de tetas (de mujer) por la calle. Porque no le gustan. Porque la sociedad las reprime. Porque hay que respetar los “valores”.

Dicen que las marchas deben ser cuadradas y en silencio, el más mínimo posible, para asegurar que nadie oiga. Y que les habiliten llegar sin problema del trabajo a su casa.

¿Cuándo solicitamos que una mujer de mediana edad, católica – o al menos que luce una cruz reposando en su pecho-, profesora de quién sabe qué, con 25 años de casada, de clase social media alta– autoproclamada, les informo- venga a dar los límites del buen feminismo?

Que siga en pie la libre expresión. Salgan, recorran el mundo y continúen su vida creyendo que la paz es viable con simples papelitos. Cree, Beti, que si no fuese por el sudor de incontables fantasmas que decidieron decir que no, que le giraron un dedo medio a la injusticia, que rompieron muros y quemaron pancartas, aún estarías en tu igual posición y no arrojada a la opresión de unos hombros masculinos. Seguí trabajando y hacé oídos sordos ante tal ironía. Creelo, pero qué ganás con criticar al que pretende hacer algo más que perpetuar la situación actual y tirar abajo lo que no entendés, y ni te dignaste a entender.

Es verdad que esa parte anatómica de la mujer aún continúa sexualizada, y de hecho, contra eso se trata. De romper estamentos que tomamos como “normales”. De poder ser vistas como personas. De poder ser libres para que un día pueda usar un escote- porque hace calor, porque quiero- y que ello no signifique que busco atención.

Y no pongan de excusa que su exposición es una violación a la inocencia juvenil, ¿acaso no es una de las primeras cosas que busca un niño al nacer?

También es “normal” que te griten por la calle que te quieren en pelotas porque te dignase a cruzar en su camino.

Que te miren y se susurren de costado como si fueses una exposición en un museo de arte moderno.

Que te acorten las canchas en el camino del conocimiento.

Que siempre te pregunten ¿y el novio?

Que nuestra opinión sea considerada de segunda.

Que a los 14 te quieran meter los dedos en un baile porque se te ocurrió usar una pollera.

Que te griten desde los 9 años por la calle cosas que una niña realmente no debería escuchar.

Que tengas que avisar a tus amigas que saliste. Que llegaste.

 

¿Esos también son valores? ¿Hay que seguirlos manteniendo porque están “habituados”?