Ayer Youtube, a pedido de alguna “gente” por cuestiones de derechos de autor, cerró el célebre canal de Gustavo Santana, Cerrito Plenero, que en setiembre recibiera un reconocimiento por los 100.000 seguidores.  No faltaron los zanguangos, lamentablemente de la tribuna rockera adolescente (por su comportamiento, no precisamente por su edad) que festejaron esta canallada. Y no hay nada que festejar.

En primer lugar, Cerrito Plenero difunde gratuitamente (me niego al pretérito) una de las expresiones culturales más típicas, más autóctonas de nuestro país. Guste o no, la plena es un género que se puede identificar con Uruguay tanto como el candombe o la milonga. Es seguramente uno de los géneros que más gente mueve, con más bandas tocando y con tanta historia como los Rolling Stones. Este canal además, desinteresadamente pone al alcance de todos la música de hace décadas y la de hoy por igual; las bandas nuevas, sin posibilidad de bancar lo que vale el minuto de radio, tienen un espacio junto a las orquestas viejas, algunas incluso extintas cuyo material no es fácil de conseguir.

Me llama la atención que salvo el público y algunos comunicadores, nadie haya quebrado una lanza por Cerrito Plenero, en especial los artistas. Y a todxs debería tocarnos muy de cerca que se pierda una fuente de acceso a la música en un mundo donde van quedando pocas libertades en manos de sus dueñxs (¡NOSOTRXS!) y muchas libertades en manos de poderes diversos. No hay que olvidarse que las libertades son nuestras, que una libertad concedida por la autoridad no es tal cosa; es una libertad limitada, una parte de nosotrxs retaceada por un tercero. Las libertades no se conquistan, las libertades ya son nuestrxs y se defienden. Cuando se pierden, se recuperan. Pero volvamos a la plena.

El cierre viene por denuncias por derechos de autor. Me gustaría plantear la discusión entre el derecho de lxs autorxs al producto económico de lo que hacen y el derecho de todas las personas a acceder a los “bienes” culturales. ¿La cultura, la música, debe ser solo para quien la puede pagar? Yo creo que todo cuanto hay sobre el planeta Tierra existe para el disfrute de todas las especies que lo habitan, y las creaciones de esas especies no son la excepción; todo cuanto inventa/descubre la especie humana es -debería ser- para provecho de toda la humanidad.

Obviamente esta idea no es muy popular. El químico que produce un medicamento le pone precio a la salud de alguien; el ingeniero que inventa una forma más sustentable de generar energía no quiere compartirla gratuitamente; y lamentablemente el músico o el escritor tampoco parecen estar muy dispuestos a que cualquiera los lea o escuche sin pasar por caja.

Pertenecer a la especie humana implica pertenecer a una cultura, e implica tener una serie de derechos y deberes inherentes a esa condición. Hace algunas lineas puse entre comillas el término “bienes” culturales, y eso se debe a que no me parece que las creaciones artísticas merezcan un rótulo que las rebaja a simples cosas o peor, a productos de consumo. De hecho, el derecho de autor tal como esta regulado en la mayoría de los países, tiene dos caras; por un lado un derecho patrimonial (derecho a recibir los beneficios económicos de la “cosa” creada) y por otro un derecho personal (el derecho a ser reconocido como creador de la obra, con la potestad exclusiva de modificarla, destruirla, etc.). Es decir, las creaciones tienen con su autor una relación económica y una relación personal.

El derecho patrimonial, como mera cuestión económica que es, es totalmente disponible; el autor puede renunciar a cobrar, puede donar ese derecho para que otro cobre, puede hacer con ese derecho lo que puede hacer un accionista con el suyo. El derecho personal, es un derecho ligado a su personalidad, es decir, cuando el muera, nadie va a heredar la autoría de sus obras (sí heradarán la parte patrimonial) y nadie podrá hacer con ellas lo que él no haya hecho, hasta que por acción del tiempo pasen a dominio público.

Lo que se gana por derechos de autor es irrisorio. Ni los artistas más archi consagrados viven exclusivamente de los derechos de sus canciones por estas latitudes; tocan en vivo, dan clases, “colaboran” con otros, hacen publicidad, hacen merchandising y en la mayoría de los casos, sencillamente laburan. Más de una vez se le echó la culpa a la “piratería” de que no fuera posible vivir de la música (me gustaría saber qué tajada le queda al artista y qué tajada le queda al estudio de grabación, al productor, al distribuidor y al vendedor, pero bueno). Hace décadas que el negocio no pasa por vender discos, pero en cualquier caso, creo férreamente que si te querés hacer millonarix tenés que estudiar economía, ingeniería o poner una empresa. No dedicarte a la música.

Dicho esto, hay que hacer una distinción entre lxs que hace algunos años vendían copias de CDs (llevándose plata al bolsillo que no era de ellos), de quienes sin ánimo de lucro comparten música en las redes. Colgar un tema en una plataforma no es muy diferente a ponerlo a sonar en la ventana de tu casa; cualquiera puede pasar y escucharlo. Claro que en internet está más a mano, pero aún así nadie se va a hacer más ricx ni más pobre por eso. Es más, ganan lxs artistxs porque llegan a gente a la que de otra manera tal vez no llegarían; gente fuera de fronteras, gente que no escucha radio, gente que no “consume” música en vivo o que no esta interesada en lo que se difunde masivamente.

Pero también gana esa gente que aunque quisiera, no puede comprar un disco o no puede pagar una entrada. Y esto es lo más importante.

Todx artista muestra su obra con intenciones de que la misma sea positivamente valorada, que sea conocida y reconocida. Todx músico compone una canción pensando en trasmitir un sentimiento, una idea o simplemente hacer algo que no se haya hecho antes (lxs que a mí me gustan, al menos), sin pensar en sacarle un provecho económico. ¿Qué daño le hace lxs artistxs o al público que las obras estén al alcance de todxs por igual? Supongo que hay otra gente dañada en el medio.