La autodeterminación, el llamado, el eco que resuena.

La mujer que disfruta de ser sola, que se reconoce en la inmensidad, habitada por múltiples espacios.

La sensación de libertad que la habita y la eleva, la tradición opresiva que por momentos corrompe su forma natural.

La elección de ser en libertad, de transitar los caminos de autonomía.

El choque contra el constante tumulto de la costumbre, del que dirán, del deber ser.

La inmensa felicidad que habita al deseo, no al debo.

La certidumbre del regocijo propio.

La traspolación de figuras elementales.

Dos por tres no siempre es seis.

 

 

Melina Boni