Hace 3 meses que los vecinos pintan el living de blanco.

Los espiamos por la ventana mientras cenamos. Todas las noches prenden las luces y se ponen a pintar. Pintan, discuten, cuelgan un cuadro, lo descuelgan y vuelven a colgar.  Los miramos curiosos comentando sobre su ridícula existencia. Especulamos sobre sus conversaciones.

Sí, nosotros entendimos todo sobre la vida y el amor. Nos sentamos en el sillón que aspiramos los domingos y leímos sobre materia y espacio. Nos sentimos más que cuerpo mientras tomábamos café negro. Pero yo no entendí entre el largo de tu pelo porque me sentí valiente, no entendí si el olor salía de mi o de vos o de los dos. Me pierdo todo los días en la calles de adoquines.

 

Hace 3 meses que los vecinos pintan el living de blanco.

 

En mis 17m² doce mil veces por semana, hasta que noto el tono amarillento de las paredes. Con la mandíbula trabada, bloqueada de tanto pensarte, pensarme.

Al final un poco de TOC tengo.

 

Hace 3 meses que perdí el hilo de la conversación. No tengo idea de que estas hablando porque me imagino a tus rulos creciendo para adentro.

 

Cuando hablo parece que estoy llorando pero juro, es el frío. Grabé en una nota de voz mientras caminaba por Copenhague volviendo al hotel:

Que quisiera casi entrar y subir y bajar repentinamente. Con todo el miedo y el vómito subiendo aunque mi cuerpo baje. Que quiero saltar las líneas rojas, solo las rojas. Que se achican y agrandan y mis pies que no llegan y que ahora son muy largos.

Ahora me parece extremadamente dramática. La borro. Voy a buscar agua caliente a la cocina solo para encontrarme contigo. No estas. De hecho, no hay nadie.

 

Hace 3 meses que los vecinos están sin tele y ahora comen con las piernas enfrentadas.