“Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro.”

Descartes.

Aquella tarde iba al centro molesto por tener que volver a solucionar no sé qué asunto en la misma sucursal donde había estado hacía tres días, pero más aún fastidiado porque eso significaba recorrer la media hora que separaba la sucursal de las oficinas en un tranvía lleno de gente apretujada, con todas las ventanas herméticas y empañadas como si adentro, con cincuenta personas encerradas, hubieran los mismos seis grados que afuera.

Me subí al Y565 y para mi alivio había un lugar libre junto a la ventana que ocupé de inmediato, pero la ventana estaba soldada. Luego del infructífero esfuerzo me resigné a morir de calor antes de la próxima parada. Aflojé la bufanda, cerré los ojos y suspiré.

Qué…

Me pareció escuchar como una especie de murmullo lleno de ecos e interferencias, un sonido similar al que se oye estando en absoluto silencio.

Esto… Qué… ¿Es?…

Definitivamente estaba escuchando algo. Sabía que estaba soñando y respondí:

-¿Hola?

Todo lo que podía percibir era ese extraño zumbido. No veía nada, estaba a oscuras, pero tenía la sensación de tener los ojos abiertos. No sentía mi cuerpo, pero no me sentía inmovilizado. Flotaba en un vasto océano liviano y tranquilo. Sentía la total libertad, no podía distinguir la quietud del movimiento.

Hola… ¿Qué?

Estas palabras llegaron a mí, pero no a través de mis sentidos, al menos no a través de los que conocemos, por eso las cursivas. Yo seguía escuchando ese ruido raro, como la estática, y dilucidaba de alguna forma estas palabras que aparecían en mi cabeza, como una especie de mensaje telepático. No había expresión en esta voz -si se la puede llamar así-, ni tono, ni lenguaje, pero yo comprendía. Los conceptos, o mejor, los significados, aparecían en mi mente como pensamientos ajenos. Éramos dos inteligencias en una misma cabeza.

– Urlich, me llamo Urlich.- Le dije.

Soy.

– ¿Quién eres?

Soy.

Deduje que no tenía nombre, simplemente “era”. Ésta “cosa” no usaba palabras como dije, pero ser y estar son los verbos que mejor dicen lo que me dio a entender, aun cuando son insuficientes para significar la idea que me transmitió. En sus mensajes no había verbos ni adverbios, ni nada que se le parezca. No se trataba de un lenguaje asimilable a ningún lenguaje humano. Sólo ideas que aparecían en mi mente, razón por la cual es difícil traducirlas a nuestra lengua puesto que no tienen una palabra que las represente. Los mensajes de este ser parecían tener únicamente significado; ni siquiera emisor claramente definido.

Intuí también que yo estaba en ese ser, por decirlo de alguna forma.

– ¿No tienes nombre? ¿Qué eres?

Soy infinito. ¿Eres un hombre?

– Sí.- Respondí. Recién en este momento puedo decir que me sentí desconcertado y hasta un poco asustado en este extraño sueño.- ¿Cómo infinito? ¿Cómo es eso?

Se es y no se es. Se es todo y se es nada. Se está y no se está.

Recibí el mensaje pero no pude decodificarlo.

– ¿Cómo eres?- Me preguntó. Pretendía saber cómo existía, por qué.

– Vine al mundo en Berlín, hace cincuenta y dos años y…

Viniste… ¿Y antes? ¿Dónde estabas? ¿Cómo es eso?

– Antes nada… No existía, no estaba en el mundo.

No conozco lo que no es y lo que es. Conozco como soy. No sé lo que es un año. ¿Cómo se puede no estar y luego sí? ¿Eras y no eras?

– No, no era. Soy un hombre ahora, antes de eso fui un embrión en el vientre de mi madre, y antes de eso no tenía vida, no existía. No era una persona al menos. Los años son una medida de tiempo, equivalen a lo que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol, aproximadamente. Con el paso del tiempo, de los años, uno crece, envejece, y luego muere.

¿Cómo se puede no existir y luego existir?

– No sé… Es biológico, natural. ¿Cómo es existir y no existir al mismo tiempo, estar y no estar, ser y no ser? ¿De dónde has salido?

– Infinito. No hay antes, no hay después. Se es siempre todo y nada siempre. No hay límite. No entiendo, ¿salir?

– Yo no era nada, digamos, estaba mitad en mi padre y mitad en mi madre. Luego las mitades se convirtieron en mí, pasó el tiempo y soy Urlich, contable en Haller Limitada, antes fui un hombre joven y antes un niño. Antes aún estaba en el vientre de mi madre, de ahí salí.

– ¿Eres todo eso?

-Fui eso. Ahora soy Urlich, trabajo en la empresa. ¿Qué eras antes de ser lo que eres?

– Yo siempre he sido, sin más. Nunca salí. Siempre fui y seré. Como tú, ¿o no?

– No, no… Yo no era nada, luego fui un niño, ahora soy un hombre. Siempre me llamé Urlich, pero antes no tenía nombre ni cuerpo, y un día ya no tendré nada otra vez, dejaré de existir.

– No entiendo, ¿no lo ves? siempre has sido… Eras, fuiste, eres, serás, volverás a ser… Solo eres; siempre, antes y después.

– ¡No! no siempre se es. Se existe por un tiempo, luego se muere. Algunos dicen que el alma sigue luego de la vida. Existe por toda la eternidad y según como se haya actuado en vida tendrá un premio o un castigo. Otros dicen que reencarna, que vuelve a tener un cuerpo. Todo lo que existe tiene un alma que antes estaba en lo que era y que se transforma y vuelve a ser otra cosa, y así ad infinitum, pero aunque cosas hay muchas solo hay un alma, en todas ellas. Eso dicen los hindúes, pero nadie sabe nada de esto con exactitud. Ellos dicen Tat Tvam Asi, según leí alguna vez.

Si…– Pareció comprenderme sin más.

– Lo pensé en un momento, pero sé que no eres Dios porque pareces no saber mucho de los hombres…

– ¿Qué es dios?

Guardé silencio un instante.

– Una entidad, una especie de energía… Es difícil de explicar… Es una abstracción, una creación del hombre para algunos, para los que dicen que no existe o al menos que no existe por sí mismo. Para otros el principio creador que origina la vida, lo que nos hace existir y hace existir todo lo que hay… Es eterno, omnipotente, omnipresente… Para otros es parte del hombre, podría ser el hombre mismo, está dentro de cada hombre, pero es una sola cosa… Pero depende de cada uno. Creemos en él, algunos creen en un dios, otros creen en otro o en varios, o no creen en ninguno, pero todos en el fondo son bastante parecidos… La humanidad ha ido cambiando, hace miles de años los dioses se asemejaban mucho a los hombres y controlaban la naturaleza, había muchos, tantos como fenómenos naturales, con diferentes nombres según la cultura. Luego los dioses se convirtieron en uno solo, perfecto, omnipotente, sin un cuerpo o una forma, con poder sobre todo o casi todo… Es raro.

Entiendo, entiendo

– Pero tú podrías ser Dios y no decírmelo… ¿Cómo estamos hablando? ¿Dónde estamos?

Podría ser, pero nunca conocí un hombre y parecen estar muy vinculados… No sé qué es un dios exactamente. Podría ser eso de lo que dudas, parecen ser infinitos. Tú viniste a mí, yo supe que estabas en mí. Nos comunicamos, pero no estamos. Solo estoy. No pertenecemos al mismo mundo, no somos de la misma naturaleza. Nunca había conocido cosa igual, pero he logrado entender mucho de lo que explicas. Soy todo y no soy nada, soy lo único. Solo existo, sin bordes. No comprendo la vida ni la muerte, no concibo el principio ni el final de lo que existe. Soy y no soy, siempre. El todo y la nada al mismo tiempo. Puedo pensar en lo finito pero nunca lo había experimentado así. Apenas lo comprendo. Tú pareces serlo y conocerlo todo al respecto.

– ¡Sí! ¡Sí! ¡Eso es! Los hombres somos finitos, nacemos, vivimos, morimos. Todo nuestro mundo lo es, las cosas, las casas, los animales, el planeta. Todo se termina. Todo tiene un límite, una medida. Las cosas existen o no existen. Se transforman o permanecen, pero de alguna manera en un momento son una cosa, hasta ese momento, ese borde, y luego dejan de serlo y pasan a ser otra, pero nada existe de forma absoluta e ilimitada.

De pronto sentí una violenta sacudida de esas que ocurren cuando uno se está por dormir y tiene la sensación de estar cayendo. Pude ver por la ventanilla que el tranvía aún estaba a un par de calles de la parada donde subí. Todo lo que ocurrió en este extraño sueño -si se lo puede llamar así-, ocurrió en cuestión de segundos, aunque a mí me pareció un largo rato. Miré asustado alrededor temiendo que alguien hubiera notado mi sobresalto. Nadie parecía haberse fijado.

El resto del viaje miré por la ventana desempañándola periódicamente, casi no pensé en lo que había experimentado. Solo respiré hondo y miré las vidrieras y la gente pasar por la ventanilla como en dos dimensiones, como se ven las cosas con la mirada perdida, hasta llegar a la parada a una cuadra de la plaza. Luego fui a la sucursal, no recuerdo si arreglé o no lo que se supone que iba a arreglar.

 

 

A mi Amigo Leandro Hernández, con quien más de una madrugada, no satisfechos de intentar arreglar el mundo, hemos hablado de arreglar el Universo.