Y tampoco hay otra manera de empezar a contar esto, y aunque es una porquería, es la manera en que es real. Contar implica hacer un equilibrio entre lo que realmente vale la pena contar y lo que no pero igualmente debe ser contado porque si no nada tendría sentido. Esto, es como un impulso repentino y desagradable que hay que soltar, es como un vómito, pero es el comienzo correcto.

El caso es que ella había preguntado si le había dolido, y él le preguntó para qué preguntaba si era obvio que sí, obviamente de mal humor. Y todo así; un diálogo de preguntas chotas y respuestas monosilábicas o bipalábricas. Luego de eso hubo un silencio y una despedida aséptica, y después una tarde lenta y dolorosa en la camilla de una sala del sanatorio, que fue lo único que pasó en el día, como si todo lo demás no existiera. Ni ella, ni los médicos, ni la calle. Todo el día se diluyó en el caldo asqueroso de la tarde. Caldo asqueroso de hospital.

Pensó en ella, en la última discusión antes del darnos-un-tiempo, en la amargura de hacía un rato, en la rueda doblada de la bicicleta, en las contusiones y en los pormenores más trascendentes de la vida, como mantener un trabajo para poder comer, o tener que pagar un alquiler para vivir en un lugar más o menos digno, etcétera.

Y entre los etcétera… ¿Te dolió?

¿Qué costumbre no? La pregunta obvia, pero además preguntar lo obvio cuando es trágico. ¿Será que no les gusta asumir que conocen de antemano la desgracia ajena? ¿O será que les genera alguna curiosidad medio morbosa? Como una forma de medir la fortaleza o la debilidad del otro, como el ¿lloraste? de la infancia. ¿Gana algún tipo de superioridad moral el que no lloró, el que no le duele? ¿Será que en el fondo esperan sorprenderse con la respuesta? Qué sé yo.

Te dolió pregunta… ¿Lo qué? ¿La quebradura o el que vengas acá con cara de circunstancia a mostrar preocupación? Acá con lástima, con sentimentalismos no. Y menos con condescendencias torpes.

Buenísima la costumbre de encontrar que decir cuando se terminó la charla. Igual en vez de estar acá sacándome los mocos tendría que escribir estas cosas. Sí, te va a ir divino. La última vez que te pusiste a pensar pelotudeces terminaste abajo de un auto.

 

–  Tenace, ¿Cómo le va? ¿Muy dolorido?

Ah, no, me está jodiendo.

– Más o menos doctor. Igual me va a matar antes el aburrimiento que las fracturas.

– Bueno… Vamos a seguir con el a…los analgésicos.- Iba a decir con el aburrimiento el tarado. Una pena, yo me lo hubiera dicho.- ¿No tiene acompañantes?

¿A usted qué le parece?

– No por ahora.

– Se va a tener que quedar unos días más ¿sabe?

– Si usted dice… ¿Se anima a dejarme lápiz y papel?

-Sirvasé.

-Muchas gracias.

 

Es como una forma de romper el hielo… pero es más bien romper las bolas. Puede haber algo de pudor quizá… Cierto reparo a suponer algo de antemano aunque resulte evidente. ¿Será peor eso que preguntar una estupidez?

No sé. En la escuela las niñas y las tías viejas siempre te preguntaban ¿lloraste? cuando te caías o te lastimabas, o ibas al dentista,  y vos hecho un héroe decías que no. O un poquito, para impresionar. Igual se sorprendían, se ve que esperaban otra respuesta. Las mujeres son más inteligentes y maduran más rápido dicen… ¿Se sorprenderían de verdad o se harían las sorprendidas? Capaz que ya a esa edad estaban desarrollando el histrionismo para después fingir preocupación cuando el ex se les quiebre y no tengan nada que hacer de tarde.

Y mirá que la invité qui-nien-tas veces a tomar un café, a juntarnos a conversar. Siempre no puedo, tengo esto, tengo aquello, estoy cansada. Cuando lo único que quiero es salir de esta porquería o por lo menos pegar un ojo, aparece ella a preguntar si me duele.

¿Cómo no me va a doler? Me duele ese pelo suelto, esos ojazos negros, abiertos para llenarse con la poca luz que deja pasar la persiana entrecerrada, como cuando éramos cíclopes frente con frente, esa mano blanca que se apoya en un fierro de la camilla y no en mí -aunque me dolería- y esa distancia, tan corta, pero tan distancia, y esa voz que no me dice, y me duele que ni se cuánto hace que no te veo y me duele verte ahora ¿cómo no?

Qué altruismo, tener la tarde libre para preocuparse por un enfermo y no para tomarse un café…

Vos también siempre estás a la defensiva, podrías tratar de ser un poquito más cálido. Seguro que no quiere nada contigo, o capaz que sí, pero le importás todavía.

¿Y si le hubieras dicho no? Resuelto, entero. No. Apenas un poquito me dolió. Y ella habría abierto aún más los ojos, sorprendida, sonriendo. Quizá ahora en vez de estar acá solo y aburrido escarbando las heridas estabas hablando con ella y tomando un  café. Deberías empezar a ver así las cosas. No es conformismo, es aceptar un poco al resto del mundo. Claro, ¿qué película viste? ¿Se te quebró el cinismo también?

Es más utilitarismo igual… Abusar del interés para no aburrirte y después… Eso te iba salir carísimo y te iba a doler más. Entretenerte un ratito y cuando salgas del sanatorio romperte la cabeza tratando de olvidarte. Más vale que empieces ahora. No hay más remedio.