Suena la alarma y todo parece normal, suena la alarma y la pospongo, suena la alarma y la vuelvo a posponer, suena la alarma y me despierto. Suena la alarma y la puta madre son las nueve. Bueno, de todas maneras suelo llegar tarde. Así que decido levantarme, voy a la heladera agarro el caféconleche y lo pongo en el microondas, miro por la ventana. Peep peep peep, saco el caféconleche y prendo el horno que ya tiene las medialunas con queso adentro. Mientras espero a que se calienten miro por la ventana. Se calientan, voy al comedor y las llevo junto con el caféconleche. Como las medialunas y tomo el café y miro por la ventana cada tanto. Voy al baño, y la puta madre me falta la nariz. Pienso: no puedo ir a trabajar así, ayer ya fui a trabajar sin una oreja, se van a pensar que soy un desprolijo. Por lo que me dispongo a buscarla, mirando cada tanto el reloj. Pero tiene que estar por acá nomás, no puede ser que la haya dejado tan lejos, siempre pierdo todo, tendría que ser más ordenado. Sigo buscando y por suerte encuentro la oreja que había perdido antes de ayer porque ya era demasiado sino, imagínese ir sin nariz y sin oreja a trabajar. Miro el reloj y veo que son las nueve y media y la puta madre es tarde. Decido ponerme una bufanda en la mitad de la cara donde solía estar mi nariz y salgo para la parada.


Llego a la parada y todo bien. La gente me mira pero no es nada fuera de lo normal. Espero el ómnibus mientras miro el río. Pienso que ayer fue peor, tenía que andar de auriculares y me tenía que dar vuelta a cada rato para escuchar. Hoy no está tan mal, la bufanda me da un poco de calor pero nada más. En eso veo que de lejos viene el ómnibus, entrecierro los ojos para ver si es el que me sirve y efectivamente es, pienso que voy a esperar a que se acerque un poco y cuando esté a una distancia apropiada le voy a hacer la seña para pararlo. Espero a que se acerque un poco y le hago la seña para pararlo. Subo al ómnibus que no trae muchos pasajeros y me siento en un asiento del fondo a la derecha para seguir viendo el río. Pienso que de este viaje en ómnibus no va a haber mucho para contar.


Del viaje en ómnibus no hay mucho para contar. Llego a la parada, me bajo y camino hacia el trabajo. Saludo al portero que me responde con un “quéfríoeh” y subo a la oficina. Entro a la oficina, me siento en mi silla, prendo la computadora, pongo las manos en el teclado y la puta madre me falta el dedo meñique y pienso que tendría que ser más organizado, poner las cosas en carpetas, por ejemplo.

Matías Meizoso.