Capuchas y puchos son imágenes corrientes en una río de asfalto que se come muchas mentes.

No me quiero poner a contarte estos cuentos, basta con mirar un poquito para adentro.

Retoño que un verano nació de repente sin pedir permiso fue mezclado entre la gente.

Vástago de cualidades impares de dos padres diferentes, vestigios de un mañana  que le zampa la mente.

Una luz frente a su cara que lo guía y lo encandila, un frío en su espalda que lo preocupa cada día.

El bicho gris se lo come de repente, el recuerdo de su mama lo mira constantemente.

Son ideas que atraviesan versiones de su persona más intensa, que bocanada de porro inmensa.

Ahí se ve, parado frente al espejo con el bicho al lado, queriendo nunca ser eso.

Intentando no ser reflejo de aquello que le imponen, ideas ya vetustas se le aparecen en rincones.

Le come la cabeza el pensamiento de que un día verá en ese suelo la esperanza que tenía.

Una historia del pasado que con miedo repetía merodea en sus adentros que pase de nuevo un día.

El artífice de todo fue el, y a la vez otros, que lo apuntaron con el dedo sin preguntar por nosotros.

Una paca pondría fin a todos sus pensamientos , el bicho se iría lejos sin más remordimientos.

Un miedo que no estuvo presente, cuando en el alba del parque el camino de repente se tornó gris y diferente.

Dejo solo pensamientos de un buen hombre albiceleste que intento todo por no ser diferente.

Una reja en su cara lo marcó para siempre, dos pulseras plateadas lo siguieron en el frente.

Juzgado con sentido imitando la culpa, de aquellos escondidos detrás de sus fustas.

La meditación no funciona cuando hay poco para ver, con todos esos puños apuntándote la cien.

Sucesores quedan hoy de aquellos pensamientos sanos y también de los otros, estos sobran entre nosotros.

Cuidan sus espaldas aquellas pestañas que tijeras ven pasar de mañana a mañana.

Ocultando la tristeza caminan por el río, siendo amigos, nietos, hijos, ni siquiera coloridos.

Volviendo al parque lo recuerda cada domingo en el pueblo, soñando volver a verlo aunque el pensamiento sabe, que no hay mas que llaves atrás de esas verjas.

Vuelve a mirarse al espejo, revolea la cabeza , no quiere ser eso.

Cierra los ojos para poder ver más claro y ahí está el, de costado parado.

Cuando intenta alcanzarlo para de nuevo ser alzado una ráfaga gris lo vuelve todo nublado.

Poniéndole fin a la memoria se refugia en cebadas, amigos, historias a veces por demás mundanas.

El sabe que algún día ese bicho volverá, se lo dijo mucha gente, sin pensarlo de repente, mira para su costado y ahí está el , como siempre, presente.

 

Stn