Muchas gracias a SargentoPez por la 
ilustración

Es siempre conveniente dar rigor a cualquier desvarío, así que empecemos por su formulación: si un trapo de piso pudiera vivir ¿cómo sería su vida?

Para hacer más sencilla la respuesta a esta pregunta tomaremos dos hipótesis razonables:

  1. Por el hecho de tener vida todo trapo morirá.
  2. No existirán dos trapos idénticos, pero serán fácilmente agrupables por sus características.

Es de esperar que en su edad temprana la inocencia y la ilusión les recorran al punto tal de que no les importara el ninguneo del sistema del cual forman parte. Lejos de los sacrificios y los desencuentros, lejos del peso de la responsabilidad; aunque observando y absorbiendo todo lo que les rodea, no entenderán mucho de qué se trata su vida, un poco por inocentes y mucho por subestimados. Con suerte podrán, eventualmente, ser blindados en el nacimiento y la infancia en algún envoltorio de fantasia, que los aleje de la realidad que viven la mayoría de sus pares y hasta los haga creer que su realidad es parámetro de las realidades del resto. Con un poco más de suerte aún, al salir del envoltorio pocas veces tocarán el piso y aún mezclándose con diferentes no conocerán la empatía que les sacuda de su condición privilegiada. Vivirán la vejez con alguna marca por aquí y otra mancha por allá (inevitables, recuerden, por hipótesis) y verán la muerte llegar con miedo y rabia, porque ella no entiende de exclusividad. En adelante hablaremos de este grupo como los afortunados de la fábrica.

La mayoría, sin embargo, no correrán esa suerte. 

Sería criterioso decir que esa mayoría se dividiría en dos grandes grupos: con y sin defectos de fabricación. 

En adelante hablaremos de disfuncionales y funcionales cuando así amerite la situación. 

Es importante aclarar que es defecto de fábrica cualquier característica que permita inferir impedimentos para su uso. Condenados a la muerte desde su nacimiento, excepciones se resistirán a esa suerte. 

Luego de arrojados a la basura -cualquiera sabe que aún la mejor fábrica genera desperdicios ¿qué otra cosa se puede pretender?- con una voluntad inquebrantable lograran entrar en circulación, ser competentes en sus tareas y hasta exitosos. Existirá una cantidad reducida que podrá codearse con los afortunados de la fábrica -aunque para realmente ser uno más deberá estar de acuerdo con limpiarse cualquier marca que permite deducir su origen-. Consiga lo recién mencionado o no, todo el grupo que logre salir del basural será utilizado como ejemplo por la fábrica, para desligarse de los problemas que ella misma genera y, en un astuto uso de un razonamiento (lógico ¿no?), convencerá al resto de que si se quiere siempre se puede alcanzar la góndola prometida, sin importar desde dónde se tome el punto de partida. 

Pero aunque se tapen la vista, el basural seguirá ahí. 

Serán muy bien utilizados por la fábrica aquellos que -saturados de acumular tanta mugre- devuelvan al ambiente la mugre que reciben, aplicando el razonamiento visto arriba serán estigmatizados y estigmatizarán a los disfuncionales en general. La mayoría de los afortunados de la fábrica no tardarán en aplaudir este estigma, acompañados por funcionales apáticos.

Los funcionales serán bien adiestrados por la fábrica para que la variabilidad de sus características siempre estén bajo control y permitan su uso. Algunos se adaptarán mejor a la media que otros, pero la fábrica no dejará ser renegados a aquellos que se desvíen de esa media siempre que no se salgan de los límites de control, permitirá pequeñas victorias a esos posibles renegados para mantenerse funcionando sin sobresaltos. Acostumbrarse podría ser la palabra que mejor defina a este grupo.

Seguramente toda esta perorata esté incompleta, falten detalles y casos particulares para abordar. No me parece motivo suficiente como para disculparme. Sí debería hacerlo por haberme desviado de la pregunta inicial luego de plantear las hipótesis.

Debería haber hablado de trapos de piso.

 

 

A Carolina, por inspirar este texto y mi vida en general

Te amo un montón.