IMG_0684A Paulina ya le dije 100 veces que no quiero volver a la literatura, ya no me interesa le repito. Pero Paulina es terca. Una vez me confesó que siempre quiso ser mi amiga, pero al parecer yo no le daba mucha bolilla así que tuvo que insistir. Entendí perfectamente a que se refería, a casi todos mis amigos los elegí con el dedo.

Olivia me llama una vez por mes y me cuenta las anécdotas de la oficina. Como su cliente eligió una piedra que hay que importar a Canadá desde Brasil y su jefa opina que es una buena decisión, porque lo mas importante es la honestidad de los materiales. Nos reímos de lo ridícula que es nuestra profesión, hasta que alguien interrumpe y ella pronuncia algo en francés que no logro entender. Nos prometemos siempre mantener el contacto.

Cuando Sanchi me llama hay unos 30 segundos que son solo exclamaciones de felicidad, nos alegra escucharnos las voces. Pero cuando leo sus cartas que escribe en círculos escucho su voz casi igual de clara. Me cuenta que esta vez si cree sentirse en casa. Me pide que la visite en el verano, cuando hay cine al aire libre y la gente sonríe. Dice que sus años en Lund fueron de los mas felices de su vida, que fuimos libres.

Mi amiga Nora camina con un pondus indescriptible. En realidad, no hay nada extraño, es el caminar de una veinteañera criada en una capital europea. No hay fila en la que no se cuele y en estos dos años nunca la vi pagar una entrada. Nora simplemente entra y nadie siquiera se atreve a cuestionar que este allí.

Aunque Isa es madrileña y elige caminar con ternura. Me dice mi niña y es la peor cocinera que conozco.

Irene hace unos años me llevó al Max del puente Kung Oscar a cenar hamburguesas y charlar sobre la burocracia sueca y los problemas con su novio. Creo que ese día nos hicimos amigas. Hace poco le escribí: Irene, volverás???

A Edwin lo encontré un día sentado en la cocina con una remera del Che Guevara comiendo golosinas. En ese instante supe que seriamos amigos. Hacía tiempo ya que no nos veíamos cuando me lo crucé a unas cuadras de mi casa. Los dos íbamos al mar; los dos íbamos solos y terminamos acompañados. Ese día el agua estaba fresca y el atardecer me encandilaba.

Y a veces me abrumo de tantos nombres, tantos lugares, tantos cumpleaños, tantos amigos que me salvaron de la soledad. Me abrumo pensando en que hay que mantener el contacto, que las amistades se cultivan, que hace mucho que mis amigos no me cuentan sus ansiedades.

A Paulina ya le dije 100 veces que no quiero volver a la literatura, ya no me interesa le repito. Pero Paulina es terca así que me lleva a fiestas con la clase culta de Malmö y me presenta. Les cuenta a todos que escribo en un blog y que fui yo quien la introdujo a ella en las letras. Paulina es terca y me ganó, ahora tengo que vivir la expectativa.

 

 

*La imagen es obra de la artista Joëlle de La Casinière

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