I.

Esta casa solía ser blanca.

 

Testificó mi vida desde la infancia de mi abuelo hasta su última mudanza. Hospedó a toda mi familia, amistades, unos turcos y aquellos pibes de la aduana que rompieron todo.

Esta casa era de olor a naftalina y dibujos incrustados bajo el vidrio de la mesa de luz. era de ceniceros en toda superficie de apoyo, que servían de testigo a unos tiempos en donde el fumar no era nocivo. era de arroz con leche y tortas fritas lluviosas. de flores de miel y jazmines. de guerras de agua y pelopinchos.

Esta casa me enseñó a cocinar, a sufrir. a robar alcohol añejo para echarme a mirar las estrellas en la hamaca paraguaya. a escribir esos primeros poemas tenidos en rimas y depresión adolescente.

 

II.

Daymán 515 solía ser un géiser anacrónico de sentires.

Solía ser la postal de esa ciudad que nunca fue mi tierra de origen. llorar muertes desconocidas/ apropiarme de las anécdotas de todas las esquinas/ mirar los cimientos de la tienda de mis abuelos y creer que fui parte de ello-

Solía ser ese baúl de pertenencia – posiblemente barnizado por un romanticismo- que se salvó de ser eludido por el rechazo:

el ser reconocida como la nieta de alguien.

el buscar fortaleza en dos tías abuelas convertidas en madres.

/

Colonia solía ser la ciudad de esas mujeres literarias. Mujeres propias y ajenas. Mujeres acompañadas pero independientes.

Mujeres que fueron abandonadas

dejadas

heridas

Mujeres sacudidas por un amor tumultuoso que se fue antes de tiempo

Mujeres que no buscaban ser salvadas.

 

III.

Pero esta casa que solía ser blanca ahora es celeste.

En sus paredes perduran los clavos desde los que en algún momento colgaron nuestras fotos, la vegetación del fondo aún se asienta sobre los restos del Pillín * y, en alguna mancha o cascadura del piso, permanece solidificada mi torpeza.

Quizás, incluso, algún rincón todavía guarde nuestro polvo.

/

Sus cimientos no han mutado, y, aunque las huellas hacen ecos, esta dirección ya no me reconoce.

Forma parte,

entre cuartos resignificados,

sonidos ajenos

y cuadros extraños

de la biografía de unos desconocidos.

 

IV.

Colonia supo ser una ciudad que mi memoria arrumbó sin posibilidad de progreso para encerrar fragmentos de mi labia infancia

una fantasía, melancólicamente sostenida por tangibles estructuras que guardaban recuerdos en sus caras no visibles.

/

Todo eso,

se evaporó con un color.

/

Al costado de la puerta de entrada – esa que siempre permanecía abierta – empezó a faltar el cartel de abogada de mi tía.

El súper de la esquina en donde hice mis primeros mandados se volvió un lote vacío.

Y, la farmacia a la vuelta se vendió a una cadena nacional.

 

V.

Esta casa ya no es blanca,

porque la nostalgia es un penar de las distancias

porque la abstinencia al cambio se desvanece con la mera presencia

porque la ciudad de mis recuerdos ya no existe.

 

VI.

El sesgo termina de caer.

Los atardeceres se vuelven un umbral en donde dejar sangrar el degüello de mi inocencia (ahre); las calles empedradas son marcos de foto; la iglesia donde se casaron mis abuelos es solo una atracción turística y la plaza de los sapos no guarda más que una fuente a manos de locales.

/

Desde entonces,

Colonia se desveló como un espejismo de identidad.  un cementerio que tiene enterrada esa lealtad familiar que pendula sobre mi pecho en el cruce de fronteras.

 

Desde entonces,

Ese lugar que vio crecer a todas esas mujeres que escaparon a la sombra de la alianza, hoy alberga jubilaciones solitarias.

 

Desde entonces,

Solo quedan

Pizcas del siglo antiguo, lavadas/borroneadas por los años

Una ciudad vieja decorada para ojos extranjeros.

Historias perdidas entre pisadas.

Playas cada vez más inundadas por juncos.

 

V.

El legado de mi familia es un arenal que se escurre grano a grano con la muerte paulatina de una generación, para convertirse en un lenguaje de muertos.

Se perdió entre muebles rematados. quedó borroneado en la ausencia.  descansa en memorias malformadas.

 

Y ahora,

esta casa que solía ser blanca,

no es más que otro mural de cambios.

 

 

 

 

 

 

*El pillín era el perro de mi tía que le gustaba la chela y el café con leche :p.