1
No sé qué tan ridículo es referirme a lo que voy a escribir con ese nombre, no soy muy fanática de los nombres y se me hace muy difícil elegirlos.
Pero “El Faro” fue la última película que vieron juntos y lo único que veía con sus amigos en la oscuridad del Cabo. Ella creía que para llegar al Cabo necesitaba una energía especial, o simplemente tener ganas. Algo que en ese momento no tenía. Tampoco sabía convivir con más de una persona, porque es rara, se tensa y se tranca ahogada en pensamientos ridículos y ambiciones silenciosas. Capaz el Cabo la expulsaba a mitad de camino en el camión, como si tuviera una especie de campo magnético en contra de las energías angustiadas. Porque todo es posible, y todo puede lograrse, ¿cómo dejarían que ella entrará ahí?
Al llegar al rancho, una amiga vio un sapo en el wáter. Un sapo gigante; los cuatros rodearon el wáter para poder sacarlo pero era imposible. Se metía en el agua y los miraba con sus ojos saltones. El problema es que ella quería mear y tenía miedo de que al mear y sapo también la meara y se le infectara la concha. Algo bastante improbable. A las horas se fue, pero su amiga no paró de pensar en esos ojos saltones que según ella no lo miraba amistosamente.
Había una pared blanca que se veía negra de tantas hormigas voladoras; también desaparecieron.
De noche ya se habían olvidado de todos los bichos, estaban borrachos y cansados por dormir. Contaban cuantas vueltas daba el faro con su luz.

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El sapo gigante apareció y con sus pequeñas manos estranguló a una chica.

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Las hormigas llenaron la cara de la otra, al punto que no podía ver su cara. Solo sus ojos asustados. Y la carne al rojo vivo.

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Dos de ellos cogían y unas pequeñas cucarachas se aparecieron para meterse en su concha y en su culo. Nunca se enteraron mientras gritaban de placer y se tapaban sus bocas.
Sin aire, ahogados en la naturaleza y de noche, ella los veía sufrir sabiendo que era su culpa. Ella era la expulsada y no tenía que estar ahí.
Nunca.

2

Saludo y pongo a cargar el celular. De paso saco la ropa a lavar. Está muy diferente la casa, el camino, mi ex cuarto. Leo las notas que dejó la persona que se quedó en mi lugar. Pensé: Qué turbio! pero en realidad lo podría haber escrito perfectamente yo.
¿Por qué hay una reunión familiar si recién llegué? ¿Cuando viajo mi madre?
Me reencuentro con los pibes, no sé con cuál coger primero.
¿Dónde está el pibe? ¿DÓNDE ESTÁ? Pregunto desconsolada. Y me muestran sus fotos, editadas, con la cabeza deformada.
Encuentro la cabeza en el ropero de mi ex cuarto. Entiendo porque la piba aquella se suicidó. Entiendo lo turbio. Tal vez era yo.
Con dolor en el pecho, la piel desgastada y cáscaras que me pican; cuando me rasco se desprenden y me caigo a pedazos. Desaparezco en brillantina de color azul y me esfumo en el aire.