-Pah! – La verdad no tengo ganas de ir , Luis.

-Yo tampoco; pero están los gurises y quiero verlos.

-Sí, tenés razón, además la pasamos re bien con ellos. Ya fue.

Nos tomamos el bondi con una botella de Grappa escondida en el tapado como si fuésemos adolescentes. Igual, necesaria es para el invierno aparte de rica y barata. En el camino tomamos algunos tragos a las apuradas y sentí como se me calentaban las piernas. No entiendo por qué siempre uso pollera o vestidos en invierno, me cago de frío. Otra vez siento que pretendo ser adolescente. Bajamos en la parada equivocada, creo que era la anterior y nos perdimos un poco. Nos metimos por unas calles muy raras, desconocidas y desoladas. Montevideo eternamente gris y baldosas que se desprendían del cemento. Pero estábamos bien, a ver, tampoco es algo nuevo.  Siempre escabiamos en la calle. Vimos una luz de color verde-violeta de lejos y nos caminamos hasta ahí. Luis me preguntó: ¿Estás segura que es ahí?, yo le dije: obvio, ¿Dónde va a ser?  En realidad no sabía pero siempre tenía razón en esas cosas, Luis es demasiado despistado y se confunde en el espacio. Algo que siempre me resultó adorable, o molesto, depende el momento de la noche y el estado de ebriedad. También me enojaba si no me hacía caso. Algo poco atractivo en mí. Soy bastante intuitiva, y terca de más.

Entramos al hostel donde era la fiesta y todo era un viaje psicodélico de música y colores, como una película de Gaspar Noé. Algo que no me gustó mucho. Demasiado cliché pero fue así.  Aparte no me gusta mucho Gaspar Noé. Pablo se acercó a abrazarnos y a decirnos que todo estaba muy raro. Pensé, está re mal viajando pobre. Pero ahí se acercan Vale y Sil y nos comentaron lo mismo. Con Luis nos miramos. ¿Qué hacemos? Están todos re locos y nosotros acá de la cara.

-Che, ¿ querés fumar un porro ?

-Sí, por favor, de última estamos entre nosotros tranqui, contestó Luis. Yo fumé un par de pitadas también.

Sil me agarró el brazo y me dijo:- Nadia, no vayas. NO te acerques, te vas a asustar. No es joda. Con sus pupilas dilatadas y su voz nerviosa le creí.

Diego nos dijo a los dos que si la pasábamos mal, por lo menos estábamos todos juntos y teníamos ansiolíticos para calmarnos.

Fue ahí cuando atrás de Diego vi algo deforme,  moviéndose.  Un animal, un bicho enorme de color oscuro del tamaño de una ballena azul, moviéndose en vertical y gritándonos. Me caí, miré a Sil y le dije tenés razón, no puedo, no puedo, me quedo sin aire, me ahogo, me duele… me desmayo.

Cuando me volvió la consciencia estaba sentada al lado de Sil. Ella hablaba por whatsapp con amigas. Parece que se sabía del bicho. Estuvo rondando ese mismo viernes toda la tarde y noche. Yo leí que era revolucionario, pero no entendía absolutamente nada. 

Entonces vino Diego y me explicó que el bicho en realidad era una especie de tren. Él había entrado y afirmaba que había gente adentro, buscando algo. UN sentido.

Me impresionaba cómo decía que era por dentro, me daba tremendo asco, gelatinoso y desagradable. Yo estaba muy borracha pero logré entender por qué estaban ahí adentro. Aunque fuera desagradable y diera miedo. Sabía que la idea la precisábamos todos. Ese bicho, revolucionario, voz del pueblo joven enojado buscando respuestas era todo lo que yo siempre había querido. Todavía no entendía como funcionaba pero existía y eso era lo importante.  Entendí lo que generaba, la razón del miedo. Porque tenemos miedo de movernos, de enojarnos y de gritar que no aguantamos más. Luego, más o menos lo aceptamos y no nos generaba ese desagrado ni el terror.

A algunos ni siquiera les afectaba, por ejemplo, Luis y  JuanPa me decían para ir al Clash, y Joaquín también. Se fueron juntos. En ese momento, que los veo irse; miré el celular de Sil y escuché un audio donde decían que el bicho era construido por una empresa multinacional capitalista, probablemente haciendo marketing. Ganando gente. La rabia que sentí era enorme. Me chupó todo un huevo. Le grité a Luis: -espera boludo, voy con ustedes. Me armé otro porro que me dio Sil y seguimos caminando por la misma Montevideo pero de madrugada, más oscura y sin alma.