Si supiera escribir podría encontrar en las palabras la necesidad que tengo de que consueles lo que dejaste. Habría escrito desde el 2018 y dejado grabadas las palabras que me salvaran de perderme. No habría dudado nunca de mis lecturas, habría defendido mis deseos cada una de las veces que impusiste tus caprichos.

Miro citas y citas de películas esperando algún guíon que tenga el coraje que yo no tengo para coordinar las palabras.

Si fuera sólida podría mirar todos los textos que tengo guardados, los gritos de ayuda y las veces que te dije que estaba mirando demasiado la ventana. Juntaría todas las veces que me dijiste “no pienses tanto”, las que me censuraste el dolor por “media insoportable” y todas las veces que me advertiste que nunca te ibas a enamorar de mi.

Viviendo en un constante -a ver si ahora me querés-. Créyendome que tenía la suerte de ser la que más te conocía, la que más confianza te generaba. Olvidándome que me ibas a cobrar cada una de esas.

El dolor de perderte nunca se fue, nunca dejó de existir. Porque siempre te escurrías entre mis dedos, porque me dejaste la tarea de sostener lo insostenible y me creía fuerte por eso.

Cómo pudiste arruinarme tanto. Recordarme que no soy querida una y otra vez. Aunque me devorara tu ignorancia y te devolviera digeridas las ganas de vivir.

Quedarme con vos es no comer, no dormir, desconocer mi tristeza. Me tragué siempre el hambre. Y yo quería que me comieras, que te nutrieras de lo que quedara de mí, que crecieras y fueras la mejor versión de vos. Y me creía con suerte.

No te regalé nunca un texto digno.

Escribo sobre vos hace 3 años y todavía las palabras no logran camuflarte lo suficiente para abandonarte. Volvés a mi deseo siempre. Volvés a encontrar tu camino hacia lo oscuro en el fondo de mis ojos.

Te dejé mi caja, mi maceta del cactus. Te dejé el cuarto cambiado de lugar y una receta para guiso. Te dejé mis ganas de que me desearas, mi constante intento y fracaso. Te dejé el hambre porque me dijeras que estaba linda y la decepción en cada noche. Te dejé un fondo de fernet, una milanesa de zuchini y un tupper de comida que siempre te llevaba. Te dejé un cuaderno con mis hojas arrancadas. Te dejé la seguridad de haber sido amado siempre y la compañía de quien conoce tu oscuridad.

Me quedé con la foto instantánea que tanto quería tener contigo. Me quedé con una tobillera nueva y más inseguridades que valor. Me quedé perdida de mi paz y de mis hábitos, con olor a pucho en la ropa y todavía con el deseo de volver a tus piernas.

Me fui del lugar que  más quise que fuera mi luz, nuestra luz, pero que fue mi pozo, nuestro pozo, ahogados, atragantados, atados, abandonados.

Este texto lo empecé hace 3 años. Y no pude nunca terminar de escribir algo que fuera lo suficientemente coherente. Porque lo mío no tiene valor. Porque lo que escribiera te daba terror y no te regalé nunca un texto digno.

Si fuera sólida, si fuera otra, 

Si fuera sólida, si fuera otra, 

esta sería

la última vez que te escribo.