La carretera fría, como mis pensamientos. A veces miento, lo sé. Y pido perdón. Pero esta vez la verdad me supera. Voy cada vez más rápido y no pienso parar. Si viene un camión de frente, probablemente muera. Pero sé que eso no va a pasar porque estoy seguro. Estoy escapando, lo sé. Pero no sé bien de qué. Tal vez de mí mismo. O tal vez, estoy persiguiendo algo o a alguien. No estoy seguro. Lo que es seguro es que acelero y acelero. Y dejo que mis pensamientos fluyan. Y me acuerdo de esa vez que me dijiste que no me doy cuenta de nada, porque ahora me doy cuenta de todo. No somos nada, todo puede terminar en un segundo. O todo puede volver a empezar. Cada segundo es uno más y uno menos a la vez. No podemos escapar a la muerte, cada vez está más cerca, con cada metro, con cada respiración me voy acercando a ella. Pero hoy no le temo. No le temo a la nada, estoy sumergido en ella. Solos la ruta y yo. No hay destino, es todo casualidad, pero hoy voy derecho como una flecha, como si supiera a dónde voy. Y la verdad es que no lo sé. Pero es tan satisfactoria esta acción de avanzar, porque retroceder no es para mí. Que retrocedan otros, los que no pueden avanzar. Y no. No quiero llegar. Quiero quedarme en la ruta por siempre. Este es mi lugar.